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Creatividad humana frente a inteligencia artificial: ¿puede una máquina realmente crear?

La inteligencia artificial ya forma parte de numerosas actividades cotidianas y profesionales, incluida la creación de contenidos, el diseño, la publicidad y la producción artística. Sin embargo, su incorporación también ha abierto una pregunta que sigue generando debate: ¿hasta dónde puede llegar una herramienta tecnológica sin sustituir la creatividad humana?

Para Daniel Mendoza, responsable del área creativa del Complejo Cultural Universitario (CCU) de la BUAP, la respuesta está en entender a la inteligencia artificial como una herramienta y no como un reemplazo del pensamiento.

Durante una entrevista para Revista Más Sana, explicó que la IA puede ayudar a relacionar conceptos, encontrar referencias y acelerar determinados procesos, pero la creatividad requiere elementos que van más allá de reunir información.

“La creatividad” puede entenderse como la capacidad de generar soluciones innovadoras ante determinados problemas, señaló Mendoza, quien destacó que para ello también intervienen el criterio, la experiencia y la manera particular en que cada persona interpreta el mundo.

La experiencia humana como punto de partida

Un ejemplo utilizado durante la conversación fue Juan Gabriel.

La inteligencia artificial puede proporcionar información sobre la trayectoria del compositor, sus canciones, los géneros que exploró o las circunstancias conocidas de su carrera. Sin embargo, conocer esos datos no equivale a experimentar aquello que dio origen a una canción.

Mendoza puso como referencia Amor eterno. Una herramienta de IA puede explicar quién escribió la canción, analizar su estructura o relacionarla con determinados conceptos, pero no puede experimentar de la misma manera las vivencias personales que dieron forma a la obra.

Ahí aparece una diferencia fundamental entre procesar información y crear desde una experiencia propia.

La creatividad humana está vinculada con recuerdos, emociones, conocimientos, referencias culturales y experiencias acumuladas que cada persona combina de una manera particular.

Una herramienta para conectar ideas

Desde esta perspectiva, la inteligencia artificial puede incorporarse al proceso creativo sin necesariamente ocupar su lugar.

Mendoza explicó que puede utilizarse para conocer referencias, investigar información, relacionar conceptos o explorar posibilidades que posteriormente serán evaluadas por una persona.

En su propio trabajo, por ejemplo, la utilizó para investigar información relacionada con los artistas que participarían en un homenaje sinfónico a Juan Gabriel, como el tenor Carlos Alberto Velázquez y la soprano poblana Carmen Ferrá.

La herramienta aportó información para el proceso, pero las decisiones creativas continuaron dependiendo de su experiencia y criterio.

La diferencia está en quién toma la decisión final y quién aporta el significado.

Crear no es solamente producir

Otro punto planteado durante la entrevista es que la creatividad no debe entenderse únicamente como la elaboración de un producto para vender.

Crear implica resolver problemas, encontrar nuevas relaciones y construir propuestas a partir de lo que una persona conoce y ha vivido.

Por ello, el desafío para las nuevas generaciones no necesariamente consiste en aprender a competir contra la inteligencia artificial, sino en aprender a utilizarla sin delegarle completamente el proceso de pensamiento.

La tecnología puede ofrecer respuestas, referencias y alternativas. La decisión sobre qué hacer con ellas continúa dependiendo de las personas.

En una época en la que cada vez es más sencillo producir una imagen, un texto o una pieza audiovisual mediante una instrucción, quizá la pregunta más importante no sea si la inteligencia artificial puede crear, sino qué parte del proceso creativo estamos dispuestos a seguir pensando por nosotros mismos.

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