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El valor de nuestras tradiciones

Las tradiciones, con todo lo que conllevan, siempre serán tesoros que nos permitan “hacer tierra”, pues al fin y al cabo son las raíces de un México que —afortunadamente– aún existen.

Irma Azomoza / PhD EN PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL

 

Netito tiene 5 años y su carita se llena de felicidad porque sabe que los Reyes Magos están por llegar… Doña Lola se prepara para poner su ofrenda, en la que el típico pan de muerto, el mole y el pulque harán su aparición… Los mercados rodantes se llenan de objetos típicos para vestir a los niños de “inditos” el 12 de diciembre, mientras que la población en general ahorra para festejar las posadas. Este pensamiento mágico llena de gusto los corazones, satisface al alma y vacía los bolsillos. Estas tradiciones son algo que se hereda y que forma parte de la identidad.

Todo esto es muy positivo; sin embargo, hoy en día la devoción que antiguamente se compartía con la familia, se ha convertido en una especie de comercio ambulante en donde todos tratan de ganar partido, aunque esto también tiene su lado luminoso: favorecer a aquellas personas que comercian los helados, los chicharrines y las jícamas con chile.

Yo guardo todavía en mi corazón el recorrido que se hacía camino al cerro de Loreto durante el Calvario, y el goce de comprar una muñeca de cartón el 24 de junio, durante la fiesta de San Juan. Tampoco olvido los carritos de madera y los caballitos de palo que los niños del pueblo disfrutaron tanto.

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Si penetramos en el cerebro humano, nos daremos cuenta de la fuerza de las creencias y la creatividad que despiertan, en un acto de fe, consciencia presente y devoción. Envidia causa en otros países la rústica fabricación de las Catrinas, los entierros hechos de alberjón y las miniaturas de barro que en ocasiones caben dentro de una nuez.

Deberíamos honrar la creatividad mexicana, que de unos años a la fecha hemos cambiado por baratijas desechables chinas que —aunque también tienen su chiste– no se comparan con el trabajo hecho a mano y pieza por pieza de nuestros ancestros mexicanos.

Te sugiero que cuando viajes a otro país, lleves una maleta de regalitos que siempre serán muy apreciados por el bell boy, la camarista, la recepcionista de un hotel y todas aquellas personas que te prestan un servicio, pues recibirán con más agrado este tipo de presentes que un dólar o un euro. De esta manera darás a conocer nuestras artesanías y tradiciones, además de que apoyarás un trabajo minucioso en el que una parte de la vida de cada artesano se pasa a su creación.

Las tradiciones, con todo lo que conllevan, siempre serán tesoros que nos permitan a individuos y familias hacer tierra, pues al fin y al cabo son las raíces de un México que —afortunadamente– aún existen.

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