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El ego: de enemigo a aliado

Felipe Carrera Merino, S.J. / DIRECTOR DEL CENTRO DE FORMACIÓN IGNACIANA DEL INSTITUTO ORIENTE

 

La palabra ego es de origen latino y significa yo. En psicología es una de las partes de la personalidad y de la consciencia del ser humano, y nos identifica de las demás personas.

Cuando esta parte de la personalidad es dominante, somete a las otras partes dando lugar a una alteración que resulta un motivo de conflicto para la persona y los que la rodean.

El ego se ve reflejado en actitudes y en acciones que pueden ir de lo sano a lo insano. Por lo general, se considera una parte que no es deseable y que se ve con cierto recelo, ya que se relaciona con actitudes relacionadas con el egoísmo, la egolatría y el egocentrismo, entre otras.

Pero es necesario que veamos al ego desde otra óptica más positiva. Desde el psicoanálisis freudiano, se consideran tres conceptos teóricos que interactúan entre sí: el ello, el yo y el super yo, herramientas de mucha utilidad para la comprensión de la dinámica de nuestra psique. El ello está compuesto por los deseos y los impulsos; el super yo por las reglas de orden moral que un sujeto tiene que seguir en la sociedad, y el yo es el equilibrio que permite que el hombre pueda satisfacer sus necesidades dentro de los parámetros sociales.

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El ego se constituye a partir de la percepción que el otro tiene sobre uno, y por regla general comienza en nuestra relación con la madre, que es como un espejo en el que nos reflejamos. Esta etapa de la infancia puede darse de una forma tal que es la propia persona la que se convierte en objeto de su mismo deseo, dando lugar a las personalidades narcisistas que —en vez de desear a otro– se desean a sí mismos en detrimento de los demás. Con el narcisismo se pierde la dimensión del propio yo, se tiende a minimizar a los otros y como consecuencia aparece el egocentrismo.

El ego da sentido de identidad y organiza las ideas, experiencias y percepciones de nuestro mundo, y no podemos prescindir de él. Sin embargo, sí es necesario limitarlo y contenerlo, pues bien balanceado no es malo ni bueno en sí mismo.

Exacerbado, el ego puede llegar a ser insaciable, dando lugar a conductas fuera de control. En este caso es recomendable buscar ayuda profesional y terapéutica que ayude a mejorar nuestro funcionamiento interno, para poder vivir desde el disfrute, la alegría y la felicidad.

 Existen otras herramientas que nos pueden ayudar a vivir sanamente nuestro ego, como: el auto desarrollo personal, la meditación, la oración, el ejercicio espiritual, el trabajo interior y distintos tipos de terapia que nos ayuden a desarrollar nuestra esencia vivida desde nuestro ser: el yo, el ello y algo más ubicado en un plano superior de consciencia, cualquiera que sea la espiritualidad que se tenga. Dicho trabajo nos podrá ayudar a vivir un proceso que nos construya como seres con profundidad espiritualidad, ubicados en nuestra realidad.

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