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Decálogo del padre

“Hijo mío: viniste al mundo para ser mi maestro, tenías que ser como tú eras, luché para no robarte la infancia y no desviarte de tu futuro. Tú eras mi futuro, te doy las gracias por tu existencia”.

ALEJANDRO JODOROWSKY / Psicomago

Close up of a newborn touching his fathers face

Desde el punto de vista de la psicogenealogía, se pueden establecer diez principios para cumplir con la misión de la paternidad:

  1. No caeré en la trampa narcisista de poner a mi hijo varón mi propio nombre.
  2. No caeré en la trampa incestuosa de poner a mi hija el nombre de mi madre o de mi hermana.
  3. Aceptaré su sexo sea cual sea y así se lo transmitiré.
  4. Besaré, acariciaré y abrazaré con frecuencia a mis hijos.
  5. Dejaré que mi hija viva y elabore su relación edípica conmigo, porque sé que si se siente mujer aceptada por el amor del padre (sin deseo), de adulta va a establecer relaciones de pareja más sanas. De lo contrario, pasará la vida buscando padres o se quedará desparejada, unida simbólicamente a esta relación incestuosa infantil.
  6. Competiré con mi hijo varón, dejándole ganar a veces. Orinaremos juntos sobre un muro. Nos revolcaremos en la hierba y dejaré que a veces quede su cuerpo sobre el mío.
  7. Estaré presente y participaré de forma activa en la crianza y en la educación de mis hijos, desarrollando la asertividad y eliminado toda sombra de agresividad en el trato con ellos. Seré maestro del ejemplo, más que del discurso.
  8. Tomaré de mi padre todos los tesoros que me entregó para entregarlos multiplicados a mis hijos y les daré a ellos todo lo que mi padre no me dio.
  9. Durante el embarazo, le hablaré y lo acariciare a través de la fina piel del vientre de su madre.
  10. Durante el parto, estaré presente y ayudaré a cortar el cordón umbilical, aunque la madre sea la que lo seccione.

La despedida de un padre

Estas podrían ser las últimas palabras de un padre de conciencia elevada a su hijo:

Helping Hand

“Viniste al mundo para ser mi maestro, tenías que ser como tú eras, luché para no robarte la infancia y no desviarte de tu futuro. Tú eras mi futuro, te doy las gracias por tu existencia. Ahora tienes que ser tu propio protector, tu creador. Te di lo que pude, lo que no supe darte tienes que dártelo tú mismo. Me voy sabiendo que te vas a realizar y tu realización será la mía. Te dejo mi fuerza, mi corazón. Gracias por acompañarme en mi muerte, sabes que te he querido mucho”.

 

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