La tanatóloga advierte que la cultura mexicana ha desarrollado mecanismos para disfrazar el miedo a morir, pero todavía enfrenta dificultades para hablar de la pérdida, preparar el final de la vida y acompañar a quienes atraviesan un duelo.
Redacción Más Sana
Aunque México tiene una relación cultural muy particular con la muerte, marcada por celebraciones, altares, ofrendas y tradiciones populares, hablar abiertamente sobre el propio fallecimiento sigue siendo un tema incómodo para muchas personas.
La expresión «no toques madera», evitar mencionar la palabra muerte o postergar decisiones como elaborar un testamento son algunas de las conductas que reflejan esa resistencia a enfrentar una realidad inevitable.
Así lo señaló Yola Godínez, tanatóloga y autora del libro Tanatología tibetana para no budistas, durante una conversación en Revista Más Sana, conducida por Erika Rivero, en la que reflexionó sobre la importancia de comprender la muerte desde una perspectiva tanatológica y prepararse emocional y prácticamente para ese momento.
Godínez explicó que, aunque en México existe una aparente familiaridad con la muerte a través de sus tradiciones, esto no necesariamente significa que la sociedad haya aprendido a enfrentarla conscientemente.
«Es un mecanismo de defensa. Mejor me río, mejor me disfrazo, pero no lo hablo, no lo preparo, no lo llevo a un ámbito racional o práctico», señaló al referirse a la manera en que culturalmente se evade este proceso.
La muerte como un proceso que requiere preparación
Desde la perspectiva de la tanatología tibetana que estudia y difunde, Godínez explicó que la muerte representa una transformación del estado de conciencia. Aclaró que esta interpretación pertenece a un modelo espiritual y filosófico que concibe la continuidad de la experiencia mental más allá del cuerpo físico.
Bajo esta visión, los pensamientos, las emociones, los hábitos y las experiencias acumuladas durante la vida influyen en la manera en que se experimenta ese proceso.
La especialista señaló que, desde este enfoque, no basta con considerar la muerte como el final de las funciones físicas, sino que también invita a reflexionar sobre cómo vivimos, cómo gestionamos nuestras emociones y qué tipo de experiencias construimos a lo largo de nuestra existencia.
En ese sentido, cuestionó la idea de que morir representa automáticamente alcanzar un estado de paz o felicidad, independientemente de cómo se haya vivido.
«Tú vas a morir como viviste», expresó al explicar que, desde el modelo tibetano que trabaja, los hábitos mentales y emocionales tienen un papel central en la experiencia de la conciencia.
El miedo nace también del desconocimiento
Uno de los aspectos que destacó durante la entrevista fue la falta de preparación social para acompañar la muerte de un ser querido y afrontar la propia.
Como ejemplo, compartió su experiencia en Varanasi, India, donde tuvo la oportunidad de observar cómo la muerte forma parte de la vida cotidiana y se vive de una manera culturalmente distinta a la de Occidente.
En esa ciudad, explicó, los rituales funerarios se desarrollan en espacios públicos, donde las familias acompañan el proceso mientras la vida cotidiana continúa a su alrededor.
Esta convivencia con la muerte le permitió reflexionar sobre cómo el contacto directo con estos procesos puede modificar la percepción que se tiene de ellos.
Para Godínez, mientras menos familiaridad existe con la muerte, mayor puede ser el miedo y la sensación de indefensión cuando llega el momento de enfrentarla.
Por ello, consideró que la tanatología tiene una función importante: ayudar a las personas a reflexionar, adquirir herramientas emocionales y comprender cómo acompañar a alguien que se encuentra en la etapa final de su vida.
Inteligencia emocional: prepararse para morir también es aprender a vivir
Al preguntarle cuáles serían los primeros pasos para dejar de evadir el tema, Godínez recomendó comenzar con un trabajo interior constante.
Este proceso puede realizarse mediante terapia, prácticas espirituales, meditación o herramientas de transformación personal, siempre con el propósito de desarrollar mayor flexibilidad, compasión, tranquilidad y capacidad para gestionar las emociones.
Explicó que aprender a manejar la frustración, el enojo y la angustia no solamente ayuda a enfrentar la muerte, sino también las dificultades cotidianas, como la pérdida de un empleo, una enfermedad inesperada o el fallecimiento de alguien cercano.
La meditación, añadió, puede ser una herramienta para reconocer las propias reacciones y aprender a regresar a un estado de mayor equilibrio emocional.
«Tú no puedes resolver un problema si estás en un pico emocional que te saca de tu centro», señaló.
Sin embargo, enfatizó que este trabajo no ocurre de un día para otro: requiere constancia, paciencia y disposición para reconocer las propias dificultades.
Testamento vital y pendientes: la importancia de dejar todo en orden
Además de la preparación emocional, la tanatóloga destacó la necesidad de atender los asuntos prácticos relacionados con el final de la vida.
Entre sus recomendaciones mencionó elaborar un testamento vital, organizar información importante, dejar disponibles teléfonos y claves necesarias, así como reflexionar sobre las decisiones que podrían facilitar el proceso a los familiares.
También consideró fundamental aprender cómo acompañar a una persona que está muriendo, ya que no es necesario pertenecer al personal médico para encontrarse en algún momento frente a la agonía de un ser querido.
En estas circunstancias, muchas familias no saben qué decir, cómo actuar o de qué manera ofrecer apoyo emocional.
Por ello, Godínez explicó que existen métodos y herramientas para comprender qué necesita una persona durante ese proceso, qué palabras pueden ayudar y cuáles podrían generar mayor angustia.
Su propuesta es que la preparación para la muerte deje de considerarse un asunto exclusivo de especialistas y se convierta en un conocimiento que pueda compartirse en las familias.
El duelo y la dificultad de aceptar la partida
Durante la conversación también se abordó el sufrimiento de quienes permanecen después de la muerte de un ser querido.
Godínez destacó que existen personas que enfrentan grandes dificultades para aceptar una pérdida, incluso cuando el fallecimiento forma parte de un proceso esperado por la edad o una enfermedad.
La tanatóloga señaló que el acompañamiento y la preparación emocional pueden ayudar tanto a quien está próximo a morir como a sus familiares.
Asimismo, explicó que su propuesta de tanatología tibetana puede adaptarse a personas con distintas creencias religiosas e incluso a quienes no profesan ninguna, pues las herramientas que plantea buscan orientar el acompañamiento desde la comprensión de los procesos mentales y emocionales.
En este sentido, destacó la importancia de respetar las convicciones de cada persona y evitar imponer una interpretación religiosa sobre la muerte.
Una invitación a vivir con mayor consciencia
Yola Godínez también advirtió sobre la importancia de buscar información seria y respaldada al acercarse a la tanatología, pues consideró que se trata de un campo que requiere preparación y responsabilidad.
Como parte de su trabajo, desarrolla actividades, talleres y charlas para ayudar a las personas a familiarizarse con la muerte, aprender a acompañar a sus seres queridos y reflexionar sobre sus propias decisiones.
Su libro Tanatología tibetana para no budistas puede encontrarse en librerías como Profética, Librería León y Médicas Control, así como en Amazon, en formato físico y digital.
También invitó a conocer sus actividades a través de las redes sociales de Tanatología Tibetana para no Budistas, donde comparte información sobre talleres, encuentros y charlas relacionadas con estos temas.
La reflexión central de la entrevista fue que hablar de la muerte no significa adoptar una visión negativa de la vida, sino reconocer que la existencia tiene un límite y que esa consciencia puede transformar la manera en que aprovechamos cada día.
«Entre más cerca veas la posibilidad de morir, mejor vas a vivir», expresó Godínez.
Una invitación a dejar de postergar conversaciones, resolver pendientes, fortalecer los vínculos afectivos y aprender a acompañar a quienes enfrentan una pérdida. Porque prepararse para la muerte también implica asumir la responsabilidad de vivir con mayor consciencia, plenitud y sensibilidad hacia los demás.
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