El Tai Chi es mucho más que una serie de movimientos lentos. Esta disciplina de origen chino combina movimiento corporal, respiración consciente y concentración para favorecer el bienestar físico, mental y emocional. Aunque suele relacionarse con las personas adultas mayores, puede practicarse a cualquier edad y adaptarse a las condiciones de cada persona.
Así lo explicó el ingeniero Juan de Dios Flores, coach de vida, mentor holístico e instructor de Tai Chi y Chi Kung, durante una entrevista con Yolanda Godínez para Revista Más Sana, en la que habló sobre los orígenes, características y beneficios de esta práctica milenaria.
De acuerdo con el especialista, existen distintas versiones sobre el surgimiento del Tai Chi, aunque sus raíces se ubican en China y se estima que tiene entre 400 y más de 600 años de historia. Originalmente fue desarrollado como un arte marcial, inspirado en la observación de los movimientos de animales, particularmente de una grulla y una serpiente.
A partir de esa observación surgió una técnica que integra fuerza, ligereza, equilibrio y estabilidad. Con el paso del tiempo, el Tai Chi también comenzó a practicarse desde otras perspectivas: como arte marcial, meditación en movimiento y ejercicio de respiración consciente.
Flores explicó que su enseñanza se concentra principalmente en estas dos últimas vertientes, pues considera que permiten desarrollar una mayor conexión con el cuerpo y reconocer la importancia de la respiración en la vida cotidiana. Entre sus beneficios físicos mencionó el fortalecimiento de las articulaciones, el desarrollo de la flexibilidad, la coordinación, la estabilidad al caminar y una mayor conciencia corporal. También destacó su utilidad como actividad preventiva frente a las caídas en personas mayores.
En el ámbito emocional, señaló que la combinación de movimientos suaves y respiración consciente puede contribuir a reducir el estrés, la ansiedad, la angustia y las reacciones impulsivas. Uno de los principios fundamentales de esta disciplina es permanecer en el presente.
Cada movimiento requiere atención y coordinación, por lo que una distracción puede provocar la pérdida del equilibrio o alterar la secuencia de los ejercicios. Para el instructor, esta práctica representa una oportunidad para armonizar el sentir, el pensar y el actuar, mediante una conexión entre cuerpo, mente y espíritu.
Finalmente, recordó que no se necesita una condición física extraordinaria ni una vestimenta especial para comenzar. Lo fundamental es aprender correctamente los movimientos, respetar las posibilidades del cuerpo y mantener la constancia.
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