En Conversaciones con Mamá, Gaby Fabre aborda la cara menos romántica del enamoramiento: los celos, la necesidad de exclusividad y la dificultad de soltar una relación sin cierre.
Redacción Más Sana
Enamorarse puede sentirse como una de las experiencias más intensas de la vida, pero no todo es felicidad, mariposas en el estómago y promesas de amor eterno. También existe un lado oscuro que puede despertar inseguridades, celos y una necesidad de tener a la otra persona solo para nosotros.
En Conversaciones con Mamá, Gaby Fabre pone sobre la mesa esta faceta del enamoramiento y explica cómo la intensidad emocional puede llevarnos a interpretar como amenazas situaciones cotidianas, desde una conversación con alguien más hasta la cercanía con familiares y amistades.
Esta necesidad de exclusividad puede convertirse en un problema cuando se confunde amar con controlar. La relación deja de construirse desde la confianza y comienza a girar alrededor del miedo a perder al otro.
Ghosting: cuando la ausencia también duele
El panorama se complica cuando aparece el ghosting, una práctica en la que una persona interrumpe la comunicación sin dar explicaciones. Para quien continúa enamorado, la falta de respuestas puede generar incertidumbre, angustia y una necesidad insistente de recuperar el contacto.
Fabre señala que la ausencia de un cierre puede mantener a una persona emocionalmente enganchada, impulsándola a llamar, enviar mensajes o buscar explicaciones que quizá nunca lleguen.
Aunque cada persona procesa una ruptura de manera distinta, reconocer que una relación terminó o que la otra parte no desea continuar el contacto es importante para comenzar a recuperar el equilibrio emocional.
El amor adulto: elegir sin perderse a uno mismo
Como consejo, Gaby Fabre invita a recordar que la pareja es alguien a quien elegimos para compartir la vida, no alguien de quien depende nuestra identidad o bienestar.
También recomienda evitar decisiones trascendentales durante la etapa más intensa del enamoramiento, como casarse, mudarse juntos o establecer compromisos de largo plazo sin haber conocido suficientemente a la otra persona.
La idea no es desconfiar del amor, sino darle tiempo para evolucionar. Cuando disminuye la intensidad inicial, es posible observar con mayor claridad la compatibilidad, los valores, los límites y la forma en que ambos enfrentan los conflictos.
Porque enamorarse puede ser maravilloso, pero construir una relación sana requiere algo más que química: necesita confianza, autonomía, respeto y decisiones conscientes.
Como plantea Conversaciones con Mamá, amar también implica tener el valor de reconocer nuestras emociones sin permitir que estas gobiernen toda nuestra vida.
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