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¿Por qué el transporte público no ha logrado garantizar la seguridad de sus usuarios?

Uno de los retos principales para los países que buscan mejorar su movilidad urbana es fomentar el uso del transporte público por sobre el privado y particular, con la finalidad de agilizar la movilidad motorizada y disminuir el impacto ambiental de la misma.

– DULCE VELÁZQUEZ / Miembro del colectivo Espacio Público Filosofía y Letras (EPFyL) –

Para ello, se reconoce que el servicio de transporte público debería ser amable con la economía, los tiempos, la comodidad y la seguridad de las y los usuarios para considerarse de calidad. Si bien se ha observado que estas demandas han buscado ser atendidas, sólo ha sido en el ámbito infraestructural, olvidando así la multidimensionalidad de algunos factores necesarios para el disfrute del servicio, como la seguridad, por ejemplo. Y es que la amplitud del término da ocasión para reflexionar sobre los diversos modos en los que se vulnera la seguridad e integridad física y psicológica de la ciudadanía a bordo del transporte público, de forma diferenciada, según su género, raza, orientación sexual, edad y condición funcional.

Tomemos la situación de las mujeres: ¿quién, siendo o conociendo a una que use o haya usado el transporte público, no tiene un caso de agresión sexual que narrar? Según una encuesta hecha en 2017 por ONU Mujeres en la Ciudad de México, el 96.3% de las mujeres que usan el transporte público han sido objeto de algún acto de violencia sexual a lo largo de su vida; de éstas, el 72.7% estaba sola, el 4.0% acompañada, y el 22.1% tanto sola como acompañada. De 15 actos calificados como violencia sexual, las miradas morbosas eran con un 81.7% más recurrentes, mientras que a quienes les tocaban el cuerpo sin su consentimiento señalaban una frecuencia del 50.9%, y con una constancia del 2.7% algunas eran forzadas a tener relaciones sexuales. Lamentablemente, actos como los anteriores están tan normalizados en nuestra cultura, que pueden considerarse como cierto folklore intrínseco al espacio público, de modo tal que se piensa que la seguridad física y psicológica de las mujeres depende de cuánto ellas se expongan o provoquen las amenazas que vulneran su integridad.

A pesar de que actualmente el acoso sexual va siendo reprobado poco a poco, las condiciones a las que el transporte público somete a sus pasajeros/pasajeras favorece a los agresores, porque si bien en algunos estados del país se han implementado medidas tales como el Transporte Rosa o vagones del metro exclusivos para mujeres, son insuficientes por no cubrir con sus rutas la infinidad de destinos posibles a los que puede ir una mujer, llevándolas a tomar medios de transporte no exclusivos. Probablemente es momento de entender que la segregación no es la única solución, y comenzar a integrar medidas en materia de educación y legislación.

Por tanto, si las políticas en movilidad desean hacer del transporte público una opción viable para los traslados cotidianos de toda ciudadanía, debe no sólo ocuparse en mejorar las cuestiones técnicas (accesibilidad, eficiencia, sostenibilidad, seguridad, calidad e universalidad) sino también de las relacionales, aquellas que condicionan la integridad corporal y emocional de las y los usuarios por otros usuarios, porque el sistema de transporte público no es un terreno neutral en donde se dan actos de discriminación o violencia de género, sino que es él mismo, según la socióloga Virginia Vargas (2007), al igual que el espacio público, un producto que refleja y reproduce los sentidos y valores de la sociedad, de manera tal que es posible configurar su concepto de otro modo, habilitando así erradicar sus exclusiones y violencias para construirlo como un espacio que posibilite el encuentro respetuoso y solidarios entre sus usuarios/usuarias.

Referencias:

  • Vargas, V. (2007). Programa Regional Ciudades sin Violencia hacia las Mujeres, Ciudades Seguras para Todas y Todos. 72.
  • Yeliz Osman, Erika Poblano, & Ángela Alfarache Lorenzo. (2018). Encuesta sobre la violencia sexual en el transporte y otros espacios públicos en la Ciudad de México. ONU MUJERES.

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