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Perspectivas y retos en la construcción social de la realidad post-pandémica

Por Antonio Salvador Flores Flores

Hablar acerca de la realidad nos introduce a distintas áreas del conocimiento, una de las cuales nos remite necesariamente a la existencia actual.

Ferrater (1951), expone el concepto “realidad” a partir de Kant, quien la describe como una forma de percepción, consecuentemente, es una sensación que se ve acompañada de conciencia del objeto que se ha de conocer, es decir, la realidad se crea con base al conocimiento de algo y se interpreta de acuerdo con las experiencias previas conocidas por nosotros mismos.

Entendamos pues, que si la realidad parte de las percepciones, entonces esta se crea a través del conocimiento que se adquiere, así como de las formas en que se representa la dinámica del ser humano como actor-autor de esta. La realidad se construye de manera social por los individuos en su contexto especifico, en el que las formas de expresión y uso del lenguaje son la herramienta para concretar este acto, siendo este elemento la vía como se comparte el pensamiento y se da sentido a las interpretaciones (Berger y Luckman, 1976).

Toda interacción humana permite la comunicación de distintas maneras, principalmente a través de sonidos, movimientos y objetos (escritos, figuras, símbolos, etc.) o por la ausencia de estos, que, de igual manera, da paso a la interpretación y generación de ideas, por lo que constantemente estamos creando la realidad de manera personal y esta se unifica (parcialmente) en la interacción con los demás.

Es de este modo que, a partir de que la pandemia esta presente en nuestras vidas, nos podemos dar cuenta de la fragilidad por la cual cursa todo lo existente (el individuo, la sociedad, la economía, las instituciones y todo constructo social) lo que no es para menos, ya que es una representación individualista que va de la disminución de la salud hasta la posibilidad de un proceso de extinción humana.

La situación por la que actualmente cursamos sin duda alguna traerá estragos en distintas esferas a nivel personal y comunitario, entre las que destacan; el cese de vida, la pérdida de empleo, el cambio en las dinámicas sociales, alteración de los sistemas familiares y el desequilibrio del Ser, entre otros aspectos no menos importantes, que marcarán de manera histórica a nivel mundial el ciclo de vida que nos ha tocado vivir.

Por otro lado, damos cuenta a través del flujo de información, que el área que engloba las ciencias medicas ha avanzado a nivel técnico y humano para hacer frente a la situación actual, y que hasta hoy, ha sido el frente principal en cuanto a la contención y búsqueda de algún mecanismo dentro del rango de vacuna, tratamiento o medicamente que logre disminuir el riesgo social del que, en apariencia, como sociedad aun no somos conscientes, dado que hay prácticas en determinados sectores que potencializan la propagación de este virus que, de manera paradójica, la incertidumbre e incredulidad están presentes, reflejándose en aspectos que van desde el temor al contagio del COVID-19, hasta poner en duda e inclusive negar su existencia, aspectos que por contraposición, manifiestan conflictos a nivel individual y colectivo.

Para poder hacer frente a esta situación, podemos elegir construir nuestra realidad, la cual es un constante proceso de transformación y cambio que tiene su base en la contradicción (Hegel,1985). Es decir, al darnos cuenta de que nuestros pensamientos, palabras y acciones influyen de manera constante para generar la realidad en el aquí y ahora, podemos crear nuevos panoramas en nuestro desarrollo social. 

El conocimiento de la interacción personal dentro de la comunidad, posibilita y da paso elaborar nuevas perspectivas de convivencia, donde la resiliencia, aceptación y proceso de felicidad se involucren, generando una de muchas oportunidades que nos lleve de manera particular y colectiva, a un estado en que la pandemia deje de ser una limitante, un objeto de miedo o desastre, pasando a conceptualizarla como una oportunidad para toda la humanidad de contribuir en un cambio significativo, en un mundo que se ha caracterizado por las desigualdades, guerras, hambruna, pobreza y formas de violencia en distintos contextos socioculturales, además del creciente pensamiento individualista que aleja a los demás.

Por otra parte, es importante tener cuidado con esta forma de pensamiento, ya que se puede confundir con lo que se ha denominado “positividad toxica”, la cual es un abuso o sobregeneralización de la actitud positiva, que se caracteriza por la “negación del malestar, algo con lo que se lucha de manera interna y limita la atención de la experiencia intrapersonal” (Quintero y Long, 2019). 

El pensamiento y las acciones en la construcción de la realidad, deben situarse en lo que si hay, refiriéndonos a los recursos que tenemos disponibles y los alcances que pueden tener, empleando la creatividad para que emerjan aspectos productivos en cualquier sentido, sabiendo que dentro de estas actividades nos encontraremos con tropiezos y oposiciones de cualquier tipo, aun así, contemplar que todo tipo de dificultades no son limitantes si aprendemos a virar en otras direcciones cuando es necesario, lo que implica “soltar”, dejar que las cosas que ya no forman parte de nuestra existencia tomen su propio lugar y continuar en el proyecto de la vida particular en el que he decidido “cómo” vivir (orientado al aspecto de sentir y disfrutar la existencia misma) es uno de los actos que abre oportunidades para la vida plena.

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