La vida es como un libro

Aprender a cerrar los ciclos de la vida, es aprender a abrir el futuro. Aprende que todo en la vida cumple su ciclo y que decir adiós es básico para crecer. Las personas son etapas, y las etapas son lecciones.

MARA RODRÍGUEZ / Psicóloga y psicoterapeuta

La vida es como un libro: algunos tienen muchos capítulos, unos son más interesantes, otros nos ofrecen incertidumbre y suspenso, o alegría, o dolor. Así es la vida, como un libro con capítulos que empiezan y terminan, y no podemos tener sólo un capítulo en nuestro libro de vida, pues sería aburrido y pasaría desapercibido. Por eso nuestra historia debe tener capítulos siempre nuevos y diferentes.

He ahí la importancia de cerrar y abrir nuevos ciclos, además de que la vida es dinámica y no podemos quedarnos en nuestra zona de confort. Si yo no me muevo, la vida se encarga de moverme. En ocasiones es en el sufrimiento donde está el camino a la más alta realización, a la evolución de la consciencia, mientras que el miedo y el apego son los que no nos dejan cerrar ciclos que ya no son satisfactorios, porque tenemos miedo a sufrir pérdidas.

¿Sigues odiando? ¿Deprimido? ¿Con miedos? ¿Resentimientos y culpas? ¿Repites patrones? ¿Sufres por las mismas situaciones? Quizás necesites cerrar ciclos, soltar y fluir. Dejar ciclos abiertos es vivir en el pasado, con tristeza y pesar, con tu energía en fuga. Para construir un futuro sano requiero sanar mi pasado. Ahí está el arte de cerrar un ciclo y asimilar la experiencia, descubrir el aprendizaje, para dar los siguientes pasos a una nueva vida, a un infinito mundo de posibilidades significativas.

Si reconstruyo mi pasado, construyo mi futuro. Si cierro ciclos, recupero mi energía para crear mi nueva vida. ¿Quién era antes de la experiencia ¿Quién eres después de la experiencia? ¡Una experiencia tiene el potencial de transformar tu vida!

Hay que trabajar el perdón y la comprensión para cerrar ciclos. Hay que agradecer. Si insistes en quedarte en una etapa de tu vida que ya no te corresponde, pierdes la alegría, te desgastas y te vacías.

Para cerrar un círculo, tienes que aprender el para qué de la experiencia, las virtudes que desarrollé, las actitudes que no me funcionaron, lo que nunca volvería a repetir, lo que agradezco. Hay que aprender a soltar y dejar todo en manos de Dios, confiar en el proceso natural de la vida y vivir con fe. ¡No llores por lo que terminó, sonríe por lo que sucedió!

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