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Un virus que no queremos… pero que tal vez necesitemos

El fenómeno del coronavirus ya se ha analizado desde muchos puntos de vista, pero hoy quisiera que pudiéramos observarlo desde la filosofía de las Nuevas Constelaciones.

Laura Gabriela Fabre / PSICÓLOGA Y CONSTELADORA FAMILIAR

Como ya sabemos, el peligro de la pandemia del COVID-19 radica en que es una enfermedad que el ser humano nunca había enfrentado. Para crear anticuerpos hay que enfermarnos primero, y hasta que no suceda eso con buena parte de la humanidad no nos queda más que extremar precauciones.

Pero… ¿qué significa una pandemia en el mundo de los sistemas familiares? Casi todos estamos volcados en el pánico del contagio, estamos salvando nuestra vida pero no somos capaces de observar lo que el mismo fenómeno ve y nos muestra. 

La enfermedad por si misma es algo que queremos rechazar, que se aleje, exactamente igual que hacemos con todo aquello y todos aquellos que nos molestan, que no piensan como nosotros, que no son “iguales a nosotros”. Entonces nos volvemos excluidores de personas, situaciones y movimientos con los que no estamos de acuerdo; lo feo o desagradable de mi vida lo hago a un lado con desagrado y enfado, cierro mis puertas y no me importa nada más. Esa posición la experimentamos todos y de alguna manera todos hemos sido excluidores.

La evolución de la humanidad es algo que nos pertenece a todos y no es haciendo cosas extraordinarias sino lo cotidiano al servicio de la vida, pero esa misma vida nos pide una sola cosa: nadie debe quedar afuera, ni uno solo, porque todos somos necesarios tal y como somos. Y justamente este fenómeno viene a mostrarnos varias cosas que ya se nos estaban olvidando. 

  • Todos somos uno, no importando quién sea o cuánto tenga: lo que importa es que se trata de un humano como tú y como yo. Si enferma, enfermamos; si sana, sanamos.
  • La vida como la conocíamos va a quedar un poco atrás, hoy se nos exige un salto cuántico, evolucionar para volvernos más adultos y más creativos, sabiendo que “o todos… ¡o todos!
  • A todos los que hoy vivimos este confinamiento llamado cuarentena nos toca experimentar y representar el propio fenómeno de la exclusión: el miedo, el enojo, el desamparo y la crueldad de la soledad. Este virus nos representa a nosotros y nosotros a todos los grupos de marginación, a los familiares incómodos, a los que no son santos… ¡vamos, a los que no son como yo! 
  • Debemos ser compasivos y buscar una fuerza interior sin “quejas” ni “berrinches”, para volvernos los adultos que el momento exige. Debemos empezar a mirar a la carencia como la mejor posibilidad de creatividad, a la administración de recursos como un respiro para la tierra, a elegir pagar lo verdaderamente importante. Estaremos aprendiendo a hacer trueques, a no malgastar, a hacer raciones, a no corrompernos. ¡Mi deseo infinito es que realmente aprendamos la lección!

COVID-19… ¡cuánto lo necesitábamos! Desde las nuevas constelaciones ninguna intrincación cambia hasta no ser aceptada con gratitud y honra por todo aquello que deja en nosotros. Asentir y agradecer para que cada molécula de mi cuerpo se vuelva una imagen de reconciliación con todo aquello que hemos hecho a un lado, asumiéndonos como perpetradores de un mundo que, para poder respirar, ahora nos está enseñando cómo se siente dejar de hacerlo. 

Les deseo una salud perfecta desde un pensamiento que no desaproveche la crisis y se abra a algo más grande al servicio de la humanidad, con mucho amor y mucha paz.

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