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Se vale caer… ¡pero no claudicar!

Se vale caer… ¡pero no claudicar!

Irma Azomoza / PhD EN PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL

Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte, y ésta es una verdad profunda, ya que en la vida pasamos por etapas buenas, mejores… y terribles; sin embargo, nada es para siempre, afortunadamente. Basta pensar en las vidas de personajes famosos que perdieron todo y se levantaron de la nada con renovado ánimo:

Steve Jobs declaró en el 2005 que ser despedido de Apple fue lo mejor que pudo haberle ocurrido, pues levantó de la nada una segunda empresa tan exitosa que posteriormente fue comprada por la empresa de la manzana, a la que nuevamente Jobs encabezó como su director general.

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Mark Twain, el famoso escritor estadounidense, realizó inversiones desafortunadas y lo perdió todo, pero se puso a trabajar con renovado empeño y logró recuperar su fortuna.

Martha Stewart, la exitosa empresaria norteamericana, autora de libros y presentadora de televisión, cayó en la cárcel acusada de conspiración empresarial, pero después de ser liberada generó nuevamente ganancias millonarias.

George Foreman,  campeón mundial y olímpico de boxeo, cayó en bancarrota, pero como todo buen pugilista se levantó durante el conteo final para recuperar lo perdido. En el mismo tenor tenemos a la cantante Cyndi Lauper, al empresario japonés Masayoshi Son, al también boxeador Mike Tayson… ¡y qué decir del actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien también regresó de una bancarrota técnica antes de comenzar su fulgurante carrera política! Todos ellos son ejemplos de que, cuando se quiere, se puede.

Algo que comparten todas las personas antes citadas es la fuerza de voluntad. Todos podemos caer, y no solo en situaciones financieras complicadas: también nos puede incapacitar alguna enfermedad, o tener pérdidas significativas de todo tipo en algún momento de la vida.

Cuando la pena nos agobia a veces llegamos a pensar que la muerte es la solución, pero es entonces cuando esa fuerza interior debe fluir para levantarte de nuevo —aun golpeado y adolorido–, con la frente bien alta para gritar “¡aquí sigo!”. Entonces el Universo te compensará y tu ánimo y tus condiciones cambiarán, porque ya estarás en otra frecuencia y verás solo un camino hacia adelante. A final de cuentas, el éxito es la suma de nuestros fracasos… si somos capaces de aprender de ellos.

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