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Omán, la llamada de lo desconocido

17-7Un pequeño país que conserva intacto el sabor de la ancestral cultura árabe.

Enrique Delfín / VIAJERO INCANSABLE

Cuando de destinos exóticos se trata para dejarse llevar por lo desconocido, nada como voltear al mundo árabe, pero no hacia un país con fuerte presencia del progreso —como los Emiratos Árabes Unidos, con sus ciudades Dubái y Abu Dhabi llenas de rascacielos–, sino a uno que conserve el sabor intacto de su cultura ancestral.

Una estupenda opción es Omán, ubicado en el sureste de la península arábiga. Rico en gas y petróleo, pero a la vez empecinado observante de la fe musulmana, ese sultanato se ha aferrado a sus tradiciones y, aunque el progreso económico se ve por doquier en su infraestructura, también conserva su arquitectura típica rodeada por montañas con apenas algunos asomos de vegetación.

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Porque Omán es eso, un enorme desierto en el que no es posible encontrar grandes ciudades, salvo su capital Mascate, levantada en la orilla del mar. La urbe es un sembradío de casas tradicionales —por lo general blancas, para reflejar la intensa radiación solar–, salpicado con algunas edificaciones asombrosas. La más notable de ellas —que bien vale la pena el viaje a ese apartado rincón del mundo– es la Gran Mezquita del Sultán Qaboos, construida sobre un terreno de 40 mil m2 para lograr albergar hasta 20 mil fieles. El tamaño y la belleza de la construcción resultan abrumadores, y el impacto en el visitante aumenta cuando entra a la sala principal de oración, cubierta por una alfombra de una sola pieza teñida con tintes vegetales, que cubre 4 mil 343 m2 y pesa 21 toneladas, sobre la cual pende una espectacular lámpara de araña de 14 metros de altura.

Los atractivos de la capital omaní no se limitan a su principal templo religioso. Una serie de fortificaciones construidas por los portugueses en el siglo XVI a lo largo de la costa dan fe de la histórica defensa de este estratégico punto de la península arábiga. Entre estos fuertes se ubica el palacio Al Alam —residencia del sultán– que no permite el acceso, aunque los visitantes pueden admirar su magnificencia y peculiar belleza desde su enorme explanada exterior.

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Una mención aparte merece la Casa Real de Ópera, construida con materiales provenientes de diversos lugares del mundo, como mármol de Italia y maderas de Myanmar. El edificio está rodeado por extensos jardines que florecen inconcebiblemente en el entorno desértico, lo que permite adivinar que el dinero no falta en esa rica nación.

Finalmente, valen mucho la pena el tradicional zoco —perfumado por las exquisitas especias que ahí se venden– y el Corniche Mutrah, un espléndido paseo marítimo de cinco kilómetros de largo.

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El insólito paisaje de Khasab

Un destino omaní muy popular es Khasab, una pequeña ciudad cuyo mar circundante traza caprichosos fiordos a lo largo de la costa. Resulta un gran placer nadar en sus calmadas aguas rodeadas de áridas montañas, un escenario que parece ajeno a este mundo.

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