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El materialismo y la neurosis social

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Desarrollarnos hasta alcanzar el límite de lo que podemos ser es normal y deseable, pero cuando la ambición desmedida nos lleva a obtener cosas inútiles, podemos precipitarnos a un abismo, aunque creamos erróneamente que estamos avanzando.

Alejandro Jodorowsky / PSICOMAGO

La neurosis social impulsa al individuo no a buscar ser, amar y crear, sino a parecer, poseer e imitar. Como su ego es una ilusión formada por la familia, la sociedad y la cultura, trata de imponerse frente a los otros, de poseerlos, de hacerse admirar; vive devorando sin cesar, insaciable, la energía de los otros y la del planeta, enfrascado en luchas de poder, que terminan aniquilándolo.

Cuando tenemos un nudo de neurosis social aparece la ostentación, la identificación con marcadores de estatus: la marca de la ropa y del coche, la casa en la más selecta urbanización. Podemos identificar este problema cuando pensamos que somos el coche que tenemos, o la ropa que vestimos, lo que lleva al absurdo de decidir nuestras compras en función de las marcas de prestigio. Sin embargo, el rechazar por sistema estas marcas también identifica la neurosis social, como los hipsters o miembros de otras culturas urbanas que suelen rechazar la moda o la cultura dominante para crear otras a veces igualmente enajenantes.

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La neurosis social está presente cuando nos criamos en medio de enormes desequilibrios de clases sociales y tiene que ver con todas las obsesiones de riqueza o de pobreza. Por ejemplo, vamos a padecer este nudo tanto si tenemos una madre que fue una sirvienta, pobre e inculta, como si nuestro padre es médico y con un patrimonio enorme. En suma, la neurosis social tiene un cierto paralelismo con un concepto que se conoce en psicología y en sociología como neurosis de clase.

Desarrollarnos hasta alcanzar el límite de lo que podemos ser es normal y deseable, pero cuando la ambición desmedida nos lleva a obtener cosas inútiles, podemos precipitarnos a un abismo. En condiciones normales no deberíamos hacer esfuerzos ni preocuparnos por alcanzar el nivel para el que estamos destinados, porque la semilla lleva en sí el programa que cumplirá hasta ser un árbol determinado, que no dará ni una hoja ni un fruto de menos o de más. Así, debemos luchar no por ser, sino por impedir que accidentes exteriores nos desvíen y nos impidan realizarnos. Cuando vemos a otros individuos como más poderosos que nosotros y pretendemos imitarlos sin tener las fuerzas necesarias para eso, terminamos cayendo en su área de poder y pasamos a formar parte, con orgullo ingenuo, de un mecanismo que nos despersonaliza y aniquila.

La verdadera naturaleza del dinero
El dinero, si no trabajas, no lo obtienes.
Si detienes su fluir, desaparece.
Sólo es tuyo cuando está entre tus manos,
pero esas manos no son tuyas:
si lo sueltas, deja de ser tu amo.
El dinero es de todos, pero se pertenece a sí mismo.
El dinero da la luz a quien lo emplea
para abrir la flor del mundo,
pero aniquila a quien se endiosa con él
confundiendo la riqueza con el alma;
porque el alma, esencialmente, es la pobreza.
El dinero es como la sangre: da la vida si circula.
El dinero es como el Cristo: te bendice si lo compartes.
Hijo del sol, el oro parece alejarse de nuestras manos,
pero es la luz que nos conduce.
Debemos limpiarlo de la codicia
que nos inspira la muerte
hasta dejarlo invisible como un diamante.

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