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La felicidad después de los 30: Eduardo Covián

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‘No es matándote en el gimnasio, quedándote con hambre, engrosando tu cuenta bancaria, tomándote la selfie con tu pareja para subirla al Facebook o metiéndote cuchillo’ para lograr el cuerpazo, el camino para lograr la vida perfecta’. La felicidad sí existe, pero está en otro lado’, así lo platica Eduardo Covián

Érika Rivero Almazán

‘Todos queremos ser felices, pero le hemos dado fuerza a una serie de creencias imposibles. No es teniendo el cuerpo perfecto, ni yendo al gimnasio diario y sudando la gota gorda en la caminadora; tampoco logrando el mejor empleo o enriqueciendo tu cuenta bancaria, porque aquella persona que envidiamos porque alcanzó todo esto y más, con frecuencia lleva a cuestas una sombra de tristeza. Es increíble, pero muchas veces no somos capaces de apreciar lo valiosa que es nuestra vida y lo generosa que ha sido con nosotros. Estos síntomas se agudizan conforme pasan los años, hasta que te amargas, y después de los 30 el cuerpo empieza a cambiar: empiezan los primeros achaques, salen las primeras arrugas y aparecen las primeras cicatrices, sobre todo aquellas que más duelen: las del alma’.

Eduardo Covián —Lalo para los amigos– nos habla de su experiencia en este tránsito mundano. Es dueño de una significativa trayectoria en la política y actualmente se desempeña como regidor en el Ayuntamiento de Puebla. Aquí algunas de sus reflexiones:

• Conocerte a ti mismo te da la oportunidad de echar mano de las herramientas a tu alcance para salir de un bache. Utiliza tus pasiones como alimento en las épocas de mayor austeridad. A mí me encanta escalar: es mi momento de hablar conmigo, de despejar mi mente, de hacerme uno con la naturaleza.

• Lo importante es no detenerse, no dudar, no inmovilizarse por el miedo. Es humano sentir esto, pero si te quedas demasiado ahí te hundes más. Pase lo que pase debes seguir adelante. Entre más rápido lo hagas, mejor.

• Rodéate de cómplices incondicionales, porque nadie puede solo. Para ello debes entablar relaciones fuertes, duraderas y sinceras, lo que no es fácil, pero sí posible. Un amigo que te escuche es un tesoro que valorarás en los peores momentos.

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• Nunca olvides el buen humor, aún en los días más sombríos. Yo era muy severo y crítico conmigo, hasta que aprendí a reírme de mí, de mis equivocaciones, y eso es muy relajante, pues te quita una carga muy pesada que no te sirve para nada.

• Aprende a nutrirte, y esto es en general: nutre tu cuerpo, tu mente, tu espíritu. El arte, los viajes, el contacto con la naturaleza; aprende a tocar un instrumento o busca alguna actividad cultural que te dará vitalidad y sensibilidad para disfrutar. Aunque están de moda muchas dietas, está comprobado que quedarte con hambre o privarte de los platillos que te gustan nunca da resultado. Aprende a conocer tu cuerpo, saber qué alimentos le sientan bien o cuáles no; por ejemplo, a mí la lechuga o los azúcares y carbohidratos me caen muy mal. Adoro el pan, no me privo de él, pero trato de racionarlo y comerlo con conciencia de vez en cuando.

• Haz ejercicio, pero no hasta lastimarte y terminar exhausto. Encuentra una actividad que te divierta y disfrutes, pero no le hagas caso al entrenador que te quiere poner a correr como hámster. ¡Terminarás odiando el gimnasio!

• Entre más años tengas, acumulas más experiencias, buenas y malas, pero hay veces en las que la adversidad toca a nuestra puerta y nos hace un daño que parece permanente: nos volvemos taciturnos, desconfiados, enojados, irascibles, y parece que no volveremos a tener esperanza jamás. La sensación de pérdida se vuelve constante y nos sentimos incapaces de volver a tener éxito, de volver a amar, de hacer que salud regrese.

• Es entonces cuando te das cuenta de que el cuerpo perfecto, la solvencia económica, el empleo bien remunerado o encontrar al amor de tu vida no son la respuesta, por la sencilla razón de que la vida cambia, las personas cambian, tú cambias… ¡todo cambia, nada es permanente! Debemos tener el alma reflexible para adaptarnos a las necesidades de nuestra vida. Por eso la felicidad no radica en tener la vida perfecta, porque nadie la tiene y nadie es perfecto.

• Si perseveras llegarás a un punto en el que se te revelará la verdad que siempre buscaste, la respuesta a todas tus preguntas: la felicidad es una decisión de agradecer lo sí tienes, de valorar a las personas que te acompañan en tu camino, de apreciar los pequeños detalles, de no perder nunca la esperanza de que las cosas pueden cambiar para bien y hacer todo lo posible para buscar y encontrar aquello que tanto quieres.

 

 

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