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Los síntomas de la disfuncionalidad

No existen familias perfectas, pero ciertos comportamientos pueden causar profundas heridas tanto físicas como emocionales y espirituales, principalmente a los niños y jóvenes.

Cristina Guiza / TANATÓLOGA VALLE DE LOS ÁNGELES

Es verdad que no existen familias perfectas; sin embargo, existen comportamientos dentro del seno familiar que son alarmantes y en los que los padres deberían poner atención. En una familia existen roles y cada miembro tiene uno, además de responsabilidades para que —en la medida de lo posible– haya un orden, pero también existen roles emocionales y en algunos casos lucha de poder, donde los adultos suelen replicar mucho de lo que vivieron en su infancia. A continuación, algunos focos de alarma que nos avisan de la presencia de disfuncionalidad en una familia:

  1. Por parte de uno o ambos padres. El autoritarismo no infunde respeto; por el contrario, crea un ambiente de temor y desconfianza, ya sea entre los hijos y/o el cónyuge.
  2. Es el lado opuesto del autoritarismo, y lejos de lo que se piensa, el que no haya límites claros, sobre todo para los hijos, implica violencia, por parte de uno o de ambos padres.
  3. Alcoholismo, drogadicción o adicción al trabajo crean un ambiente de vergüenza y temor. Los niños y jóvenes cargan con una culpa que no les corresponde, y muchas veces el cónyuge cree que salvará a su pareja de dicha adicción, creando en ella un sentimiento muy fuerte de impotencia y frustración.
  4. ¿Cuántas veces a la semana hay una verdadera convivencia entre padres e hijos? Tal vez se sientan a ver la televisión y piensan que eso es tiempo de calidad, cuando en realidad no se genera un ambiente en el que todos participen abiertamente de sus intereses y preocupaciones.
  5. Responsabilidades de adultos a muy temprana edad. Muchos niños asumen el deber impuesto por sus padres de cuidar a los más pequeños, e incluso son culpados cuando hay algún accidente en casa.
  6. Existen distintos tipos de violencia, a veces tan sutil que es difícil detectarla, pues va desde de la descalificación de uno o varios miembros de la familia —“eres un tonto”, “tenías que ser niña”, “eres igualito a tu padre /madre”– hasta la violencia física, desde un empujón hasta los golpes.

Todo lo anterior provoca profundas heridas en los miembros de la familia, principalmente a los niños y jóvenes. Por ello. una de las responsabilidades de los padres es la de proporcionar un ambiente seguro, flexible y amoroso para un crecimiento sano tanto físico como emocional y espiritual, que más adelante les permita a sus hijos hacerle frente a la vida.

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