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Son muchas las fuertes, muchas las valientes…

11-2

Mónica Díaz de Rivera / PRESIDENTA DEL CONSEJO CONSULTIVO DEL INSTITUTO POBLANO DE LAS MUJERES

Este mundo de papel en el que escribo es como el otro, y no sé dónde colocar las guerras que me asedian: las mujeres injustamente asesinadas, desaparecidas, violentadas; mi doliente país y lo convulso de mi estado, Puebla.

La razón de esto que escribo es el reconocimiento de mis iguales por los años de trabajo por y para las mujeres; mi perseverancia y cansancio que siempre asumí invisible ante la imperiosa necesidad de buscar que se atendiera lo pendiente: el respeto y cumplimiento por parte de sociedad y gobierno de los derechos de las mujeres.

Junto a mí, desde donde quiera que estén, me observan mis ancestras, las feministas de años atrás que hicieron posible que yo tuviera educación, derecho al voto, elección sobre mi cuerpo y mi vida, independencia económica, ciudadanía y un sinfín de privilegios que, de tan cotidianos, a veces olvido agradecer.

Hoy se los digo: muchas gracias, a ellas y también a mis maestras y amigas que me impulsaron a seguir el camino de la búsqueda de la igualdad sustantiva para todas. Algunas nos han dejado ya, otras continúan alentando a las jóvenes a seguir y no claudicar.

Hoy, el sueño y la esperanza de alcanzar los derechos plenos para las mujeres pertenece a las jóvenes. A todas y cada una de las que están aquí y a muchas más en todas las regiones del estado de Puebla. Cada una, desde la academia, la militancia, el activismo, desde su entorno familiar o su comunidad, hacen posible esta nueva revolución del movimiento amplio de mujeres. Nunca en la historia del mundo hemos sido tantas y tan diferentes persiguiendo el mismo objetivo: la igualdad para todas.

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Me anima la efervescencia de esa actitud, me asombra, me enorgullece… pero me preocupan las otras diferencias. Por eso exhorto a todas y cada una a dar lo mejor de sí mismas en la búsqueda de la justicia para las más desfavorecidas. Todas, sin diferencia de clase, posición social o nivel educativo, hemos sabido y probado el dolor de la violencia, el desagrado del acoso, la infamia de la discriminación, la desigualdad salarial y la cultura machista que todavía domina a la humanidad entera. Y, a veces, lo olvidamos y nos enfrascamos en discusiones, intolerancia y falta de empatía.

¿Y saben quién gana? El patriarcado. Sí, ese sistema perfecto e imperante que es necesario abolir. ¿Cómo? Manteniéndonos unidas en las coincidencias y dejando atrás las diferencias. Asumo que no hay otro camino. Insistir en el hecho de que cada grupo, movimiento o colectiva feminista es dueña o dueño de la verdad, nos está desgastando, dividiendo. Y tenemos mucho trabajo por delante todavía.

Como dice la filósofa española Amelia Valcárcel: “no se trata de parecer la más feminista de las feministas: se trata de serlo en el trato a las otras, en el reconocimiento a las otras, en el respeto irrevocable a las otras y en el respeto al discurso de otras mujeres”. Nos han enseñado a ser sordas entre nosotras, y ahora se trata de tener una actitud de “voy a oír a las otras”. Este es un mecanismo de sororidad que busca reconocer que somos personas y existimos.

Hoy, lo que nos toca es hablar, compartir, apoyarnos, acompañarnos. Esa es, a mi forma de ver, la nueva ética feminista.

Una no escoge donde nace, pero ama el lugar donde vive y puede elegir dejar ahí su huella. Tampoco escogemos el momento para venir al mundo, pero podemos hacer el mundo en el que nacerá y crecerá la semilla que decidimos sembrar. Como dice la poeta mexicana Rosa María Roffiel: …para poder seguir siendo / locas solas, tristes, plenas. / Mujeres locas, intensas, / locas mujeres ciertas.

 

Sobrevivientes

 

Yo conozco tu locura

porque también es la mía.

 

Somos locas,

locas de estar vivas,

locas maravillosas,

estrafalarias, floridas.

 

Ovejas negras

descarriadas sin remedio,

vergüenza de la familia,

piezas de seda fina,

amazonas de asfalto,

guerrilleras de la vida.

 

Locas de mil edades

llenas de rabia y gritos,

buscadoras de verdades,

locas fuertes, poderosas,

locas tiernas, vulnerables.

 

Cada día una batalla,

una norma que rompemos,

un milagro que creamos,

para poder seguir siendo.

 

Locas solas, tristes, plenas.

Mujeres locas, intensas,

locas mujeres ciertas.

 

Rosa María Roffiel

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