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¿Ya logramos tenerlo todo… o nos falta algo?

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Después de tenerlo todo… ¿cómo lograr el equilibrio? La respuesta es complicada, pues luego de tantos años y sin darnos cuenta, nos exigimos a nosotras mismas y a marchas forzadas hacerlo todo… creyendo que eso nos llevará a tenerlo todo.

Lupita Leal / COACH EN IMAGEN PÚBLICA

Paradójicamente, las mujeres hemos perseguido ser incluidas y reconocidas en el campo laboral, sin darnos cuenta de que nuestro rol siempre ha contemplado el del trabajo más duro sin goce de sueldo, sin prestaciones y sin días de descanso: la actividad en casa, que requiere de una lista muy extensa de conocimientos y habilidades: saber administrar, organizar, negociar, enseñar y educar, entre muchas otras más, cuyo dominio nos han entrenado para ser, parecer y tenerlo todo.

Los cimientos del feminismo se colocaron en la primera mitad del siglo XX, cuando nos negábamos a considerar como un trabajo el del hogar, por lo que buscábamos mudar al de la fábrica, que a pesar de sus salarios muy bajos y la nula oportunidad de ocupar alguno de sus espacios jerárquicos, nos hacía creer que habíamos logrado algo tan grande como la conquista de la Luna.

Lo establecido era lo permitido, mas no lo correcto. Educadas para cuidar y conservar la célula familiar, y entrenadas para actuar como el sexo débil, las más evolucionadas se rebelaron para buscar la oportunidad de estudiar y así salvarse de convertirse en aquel prototipo de mujer conferido únicamente a la responsabilidad de su casa.

Pero la vida nos prepara para todo, aunque sea involuntariamente, y aprendimos a conocer otro tipo de liberación, otro tipo de poder: a través del voto. En la segunda mitad del siglo XX llegó la paridad para incluir nuestra opinión en una urna, pero aun así sentíamos que no lo teníamos todo, que no bastaba, que no solo debíamos de votar, sino que también teníamos que aparecer en esa boleta electoral.

Con el tiempo comenzaron a llegar las primeras mujeres que ostentaron un cargo de representación popular. No necesariamente tenían estudios, pero sí obligatoriamente mucha valentía, para enfrentar las duras críticas y el cuestionamiento constante sobre sus obligaciones como madres, esposas y representantes.

En nuestro siglo XXI aparece el término empoderada, que implica creer en ti y creerte capaz de tenerlo todo, pero el reto más difícil es y sigue siendo jugar uno, dos, tres y hasta más roles. Hemos aprendido a tener varios personajes y por ende varias responsabilidades, y la palabra éxito parece referirse a la independencia económica e ideológica, además de tenerlo todo.

Y, después de tenerlo todo… ¿cómo lograr el equilibrio? La respuesta es complicada, pues luego de tantos años y sin darnos cuenta, nos exigimos a nosotras mismas y a marchas forzadas hacerlo todo… creyendo que eso nos llevará a tenerlo todo.

El reto de este siglo debe ser el de distinguirnos y no extinguirnos. Distinguirnos en lo que hemos elegido para vivir plenamente, esperando que esta elección nos haga sentir que lo tenemos todo y no extinguir nuestra especie queriendo parecernos, copiar o competir con los hombres, en esta desvirtuada ola de tomar su papel.

El talento no está en el género: el éxito está en reconocer que todos necesitamos de todos y que el tenerlo todo depende de lo que decidas, planees y consigas en la vida. El tenerlo todo varía y no hay una fórmula que aplique para todas, ya que cada una llega a su propia meta. Lo verdaderamente cruel sería el tener que elegir tenerlo todo… sin pensar en los demás.

Breve cronología de nuestras conquistas

1791: Olympe de Gouges redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadanía, como reacción a las proposiciones de Rousseau y otras figuras liberales, que menospreciaban el papel de la mujer en el estado emergente de la Revolución Francesa. Un año después, la inglesa Mary Wollstonecraft publicó la Vindicación de los Derechos de la Mujer.

1848: Se celebra en Nueva York la primera convención en defensa de los derechos de la mujer.

1893: Nueva Zelanda se convierte en el primer país en conceder el sufragio a las mujeres.

1917: Jeanette Rankin se convierte en la primera mujer que forma parte del Congreso de los Estados Unidos.

1949: El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, se convierte en el estudio más completo sobre la condición de la mujer.

1975: Se celebra el Año Internacional de la Mujer, declarado por la ONU.

1991: El caso Anita Hill conmocionó a Estados Unidos. Ella, abogada, acusó al magistrado de la Corte Suprema de Estados Unidos de haberla agredido sexualmente. Gracias a su decisión en los años siguientes aumentó considerablemente el número de mujeres que se atrevió a denunciar las situaciones de abuso en el trabajo.

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