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¡Barcelona lo tiene todo!

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Generosa en toda forma de cultura y diversión, la capital de la rebelde comunidad española de Cataluña ocupa el quinto lugar entre las cien mejores ciudades del mundo, según el ranking de BestCities.org

Enrique Delfín / VIAJERO INCANSABLE
Pocos destinos turísticos pueden presumir de tantos y tan variados placeres para el cuerpo y el alma como la legendaria Ciudad Condal. Su privilegiada ubicación a orillas del mar Mediterráneo hizo del lugar un objeto de deseo desde la prehistoria, y por lo mismo se asentaron ahí innumerables civilizaciones —seguramente enamoradas de su agradable clima y el espectáculo de su línea costera— que le dejaron huellas imperecederas.

Más que visitarla vale la pena vivirla, pero si se cuenta con poco tiempo no importa: sus atractivos están interconectados y el transporte es tan eficiente que bastan un par de días para emborracharse de su belleza. Aunque claro, lo más recomendable es disfrutarla de a poco y quedarse todo lo que se pueda.

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Un recorrido que si bien es ya un cliché por otro lado permite ver y disfrutar más por menos, parte de su célebre Plaza de Cataluña, corazón de la ciudad, pletórica de esculturas y rodeada de bellas edificaciones que albergan todo tipo de comercios. La vida es tan animada en este punto que de inmediato surge la tentación de quedarse ahí por horas, para disfrutar de delicias gastronómicas, espectáculos y en general del vivificante ritmo que le imprimen las oleadas humanas que no dejan de ir y venir.

De esta plaza parten dos calles que merecen ser recorridas a pie: el Paseo de Gracia, para visitar las casas Batlló y Milà (La Pedrera), dos de las muchas gemas que el célebre Antoni Gaudí dejó regadas por doquier, y la famosa Rambla, que seduce con su pintoresco Mercado de la Boquería, quioscos, puestos de flores, restaurantes y cafeterías, hasta que se llega al Monumento a Colón, frente al mar.

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En las cercanías de la Rambla está el intrincado Barrio Gótico, con tesoros invaluables de ese estilo arquitectónico —como la monumental Catedral y la Basílica de Santa María del Mar–, además de dos atractivos naturales: el Parque de la Ciudadela y la muy concurrida playa de la Barceloneta, pero si el tiempo apremia es momento de tomar el metro para ir a la originalísima Basílica de la Sagrada Familia y el Parque Güell, otro par de tesoros de Gaudí.

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Queda mucho más por ver —¡la capital catalana es inagotable!–, pero al momento de terminar la visita siempre valdrá la pena coronar la experiencia llevándose en la memoria la espectacular imagen de la urbe entera, desde la cima de alguna de las montañas que la rodean: Tibidabo y Montjuic.

 La genial locura de Antoni Gaudí

“No sé si le estamos dando este título a un 19-3genio o a un loco”, dicen que le dijo a Gaudí un sinodal al término de su examen recepcional de arquitectura. Lo cierto es que su originalísima visión le regaló a Barcelona parte importante de su identidad, a través de sus inconfundibles construcciones orgánicas y curvilíneas, ornamentadas con colorida pedacería de cerámica, el célebre trencadis.

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