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Tenerlo todo… ¿y para qué?

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EDITORIAL

Érika Rivero Almazán / DIRECTORA DE MÁS SANA

“Claro que una mujer puede tenerlo todo: familia, pareja, hijos, éxito profesional y económico, belleza, salud…”, me dijo un hombre tras una breve reflexión ante mi cuestionamiento si realmente una mujer —hoy en día y en las condiciones de nuestro país– podría tenerlo todo.

Pero —porque siempre existe un “pero”–, mi entrevistado fue muy claro en su advertencia: debe evitar tres tentaciones en las que solemos caer:

  1. Ego. En nuestro intento de ser autosuficientes llegamos al extremo de pensar que en verdad no necesitamos nada de nadie, y menos de un hombre, y a él nada le duele más que sentirse inútil y no valorado por su pareja. Las mujeres caemos en el error de compararnos y competir con los hombres, cuando en realidad somos dos mundos tan distintos como excepcionales.
  2. Orgullo. Porque no perdonamos lo que prometimos perdonar, ni olvidamos lo que juramos olvidar, nos dejamos esclavizar por el pasado.
  3. Ambición. Las mujeres somos presa fácil de ella: no somos felices con lo que tenemos ni con lo que somos. Esa constante inconformidad impide que disfrutemos y valoraremos el presente, por ambicionar algo que tal vez nunca llegue.

Hay otra cuestión, que tal vez sea la más importante: una vez que tenemos todo lo que hemos deseado, una vez que se coronaron todos nuestros esfuerzos… ¿realmente los disfrutamos? Porque eso de “tenerlo todo” puede ser una trampa mortal: no estamos hablando ni de perfección ni de cumplir los estándares que dicta la familia, la sociedad o la moda. ¡No! Se trata de escuchar el libre y genuino deseo de nuestro corazón y de disfrutar el camino mientras nos lanzamos en el intento por concretar nuestros sueños.

Para este propósito se requiere ser sumamente honestas con nosotras mismas: para qué nos alcanza y cuál es el precio que estamos dispuestas a pagar.

Renunciar a la comodidad de lo conocido y la valentía son los aditamentos indispensables que le darán más sabor a nuestro tránsito, así como medir nuestras capacidades, aprovechar nuestros talentos, minimizar los defectos y sostener la fe como mejor escudo ante la inevitable adversidad.

¿Y si no resulta, cuántas veces habrá que intentarlo? Todas las que sean necesarias. Sin ansiedad, sin miedo, sin enojo. Con fe, alegría y esperanza.

Las mujeres pueden tenerlo todo… siempre que valoren lo que ya se tiene y disfruten del camino.

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