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La importancia de liberarnos de apegos patológicos

Debemos desintoxicarnos de nuestros apegos con personas o cosas, ya que estamos llamados a vivir libres de todo aquello que limite nuestra plenitud.

Felipe Carrera Merino, S.J. / DIRECTOR GRAL. DEL CENTRO DE FORMACIÓN IGNACIANA

 

Estamos por terminar un año más y éste es un tiempo propicio para cerrar círculos de nuestro acontecer reciente, lo que implica desapegarnos de todo aquello que no sería bueno seguir cargando el año próximo.

Para ahondar en este tema, primero es importante definir que es el apego. Etimológicamente, la palabra viene del prefijo ad-, que puede traducirse como “hacia”, y el verbo picare, que es sinónimo de “pegar” o “unir”. Tiene que ver con un afecto, con la devoción o la estima que se experimenta en referencia a una persona o una cosa. Los apegos han sido objeto de diferentes disciplinas, como la psicología, la filosofía y la religión, entre otras.

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El apego, pues, es una vinculación afectiva acentuadamente duradera, de carácter singular, que se desarrolla entre dos personas, un grupo o entre una persona y una cosa, y termina consolidándolos, con el fin de mantener una cercanía que nos haga sentir seguros. Esta unión tan especial puede ser experimentada como algo positivo o perjudicial; en el primer caso, nos provee de protección, algo muy importante en situaciones límites de la vida —enfermedades, accidentes, pérdidas…–, y es de mucha ayuda contar con este vínculo para tener contención, alivio y ayuda ante estas vicisitudes.

Sin embargo, el apego también puede ser parte de una patología, y esto sucede cuando ya no hay control en referencia con el vínculo que nos une a otra persona o cosa, lo que genera en nuestras relaciones interpersonales: dependencia, control, celos, obsesión, posesión y miedo, y termina por perjudicarnos. Nos llenamos de ansiedad con tan sólo pensar que dejaremos de ser amados por esa(s) persona(s), y esto nos lleva al sufrimiento, que afecta tanto a aquel que tiene el control de la relación, como al que es controlado y padece de la pérdida.

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Algunos signos de que vivimos un apego negativo son los siguientes:

  • Pensar que nuestra seguridad depende de la presencia y contacto con el otro.
  • Sentirse irremplazable en referencia al otro.
  • Ante las situaciones difíciles de la vida en las que nos sentimos con desolación, abandono, malestar, etc. creer que nuestra única posibilidad es guarecernos en el otro, pues sólo él nos podría dar bienestar y seguridad.

Es importante que al cerrar este año nos detengamos un momento a analizar a profundidad nuestros apegos, para liberarnos de los que consideremos tóxicos, recobremos nuestra plenitud y podamos así iniciar el 2019 verdaderamente renovados.

Algunos consejos para sanar del apego

  • Recuperar la libertad y la autoestima, evitando cualquier tipo de dependencia.
  • Sanear la relación en la medida de lo posible, abriendo un proceso de perdón y posible reconciliación.
  • Separarnos de aquello que nos produce esa sensación de dependencia y apego.
  • Entender que todos son necesarios, pero nadie es indispensable.
  • Dejar de hacer del otro un fin, ya que nuestro objetivo es vivir plenamente con lo que podamos tener.
  • Fundamentar nuestras relaciones interpersonales con base en el amor y nunca en el miedo, porque éste produce ansiedad y es altamente tóxico.

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