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Cuando el ego hace daño

Érika Rivero Almazán / EDITORA DE MÁS SANA

 

¿Cuándo hace daño el ego? La respuesta es simple: cuando hay exceso o es inexistente. Entonces la pericia radica en mantenerlo en un sano equilibrio: que haya suficiente para moverse en la vida y tomar decisiones, pero que no sea tan excesivo como para convertirnos en tiranos, necios y absolutistas, pasando por encima de los demás para satisfacer nuestra conveniencia.

Pero… ¿cómo saber en dónde se encuentra el fiel de la balanza de mi ego? Para obtener la respuesta te invito a responder estas sencillas preguntas:

  1. ¿Estoy satisfech@ con el resultado de mi vida?
  2. Aunque a veces sean equivocadas… ¿puedo —en lo general– afirmar que la mayoría de mis decisiones son acertadas?
  3. ¿Me comporto agresiv@ cuando alguien me señala mis errores o me dice que estoy equivocado? O todo lo contrario: ¿confirmo la información y corrijo?
  4. He sufrido decepciones, sí, pero… ¿soy capaz de empezar una relación personal o profesional confiando en la gente?
  5. ¿Puedo tomar cualquier tipo de decisiones y moverme —en cualquier momento y en cualquier circunstancia–, aunque a veces tenga miedo?
  6. ¿Tengo el valor de decir lo que pienso y siento, sin dejarme llevar por la cólera y sin faltarle el respeto a los demás?
  7. ¿Suelo ser altamente competitiv@, al grado de pasar por encima de los deseos y emociones de los demás para satisfacer los míos?
  8. ¿Detecto que mi deseo de ser aprobado por los demás se convierte en algo más importante que confiar en mi propio criterio?

30Un tip para tu empresa o profesión: asegúrate de tomar las decisiones en el nivel adecuado. Una empresa que depende solamente de la cabeza tiene un techo de crecimiento, porque ésta sólo tiene un determinado tiempo disponible. Las empresas deben de empezar a bajar las decisiones hasta el punto del balance, de manera que puedan tomarse lo más cerca de la “línea de fuego”. Es decir, si hay que decidir con respecto a un cliente, el que debe de hacerlo es el vendedor que está en contacto directo con él, y no el jefe que está cuatro puestos arriba.

Si has sido capaz de responder con sinceridad a las anteriores preguntas, ya sabes si tu ego está equilibrado, es excesivo o si definitivamente te hace incrementarlo. En estas las páginas de este ejemplar de Más Sana quedarán resueltas muchas de tus dudas… ¡Que lo disfrutes!

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