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Autoestima, ego y duelo

Cristina Guiza / TANATÓLOGA – VALLE DE LOS ÁNGELES

 

En el transcurso de nuestra vida todos experimentamos pérdidas: un trabajo, la ruptura de una relación, el fallecimiento de un ser querido… El problema es que deseamos controlarlo todo, porque el control nos da seguridad. ¡A nadie le gusta vivir en la incertidumbre! Pero, aunque no nos demos cuenta, siempre está presente.

Al hablar de ego en el duelo no me refiero al egocentrismo ni arrogancia, sino a las capacidades y herramientas que cada persona tiene en lo individual. Quien verdaderamente se conoce a sí mismo puede asumirse como dueño de una autoestima sana, y a la vez reconocer sus limitaciones sin prejuicios.

Es cierto que cada persona vive su duelo de forma, tiempo e intensidad distintos; sin embargo, hay algunas fortalezas individuales que llevan a unos a recuperarse más pronto que otros.

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Las personas con fortalezas…

  • Reconocen sus sentimientos (tristeza, dolor, enojo, soledad, inseguridad o miedo).
  • Buscan ayuda cuando reconocen que la necesitan (en un profesional, familiar, amigo, grupo de apoyo…).
  • Evitan la autocompasión.
  • Sienten empatía con otros y se ocupan de fortalecerse en amor y humildad.
  • Evitan actitudes que adormecen su conciencia y espíritu y que pueden ser nocivas (alcohol, drogas, sexo, exceso de trabajo…).
  • Buscan actividades generadoras de paz (hacer ejercicio, convivir con familia y amigos…).
  • Evitan a quienes hacen comentarios que lastiman, saben poner límites y decir “no”.
  • Al reconocer sus emociones y sentimientos no se esfuerzan para mantenerse “fuertes”: viven y sienten lo que les está pasando, sin prolongar demasiado el tiempo y sin victimizarse.

Los que deben trabajar en su autoestima…

  • Vivirán un duelo más largo y de mayor intensidad.
  • Se centran en su dolor (“lo que a mí me pasó”).
  • Buscan la atención de otros para que les brinden consuelo, comprensión y ayuda.
  • Buscarán culpar a otros de lo que sienten y de no recibir atención.
  • Se aíslan mucho.
  • Se centran en los comentarios de otras personas, sintiendo que son blanco de críticas.
  • Tienden a buscar “alivio” en conductas adictivas.
  • No aceptan el apoyo que se les ofrece, pero lo reclaman.
  • Se ensimisman en el sufrimiento (más allá del dolor).
  • Sufren constantes cambios de estado de ánimo, y viven ansiosos, irritables y deprimidos.

No pretendo encasillar a nadie, porque también hay personas que aún con fortalezas llegan a tener un duelo más prolongado que otras. Cada pérdida es distinta y cada quien lo vive de diferente manera.

Al inicio hice mención de la necesidad de control, que surge de la búsqueda de respuestas (que en muchos casos no existen) y que por lo general deriva en el intento de controlar a  otros a través del sufrimiento por la pérdida.

Nadie es inmortal: la muerte invita a la vida, cierra un ciclo y abre otro.

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