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La paternidad consciente y amorosa

Irma Asomoza ••• PhD

 

¿Quién no ha exclamado alguna vez, al ver a un chiquillo, “¡Es igualito a su padre!”? Esta frase apunta no sólo al gran parecido físico, sino también conductual, de los hijos con sus padres. Y no podría ser de otra forma, pues ya la Neurología descubrió las células espejo, además de que la convivencia diaria hace que unas personas influyan a otras, máxime si tienen algún parentesco y viven bajo el mismo techo.

Siempre se ha dado a la madre el papel principal de la educación de la progenie, pero… ¡qué importante resulta la participación de los papás en la formación de los hijos! Y así como para predecir el futuro de las mujeres hay que aprender a mirar a sus madres, el futuro de los hombres está bien claro en sus padres. Nunca debemos olvidar que lo que más necesitamos todos los seres humanos en esta vida es aceptación y reconocimiento, y esto lo buscan los niños y adolescentes casi sin darse cuenta, de manera inconsciente, a través de la forma en la que viven y se expresan.

Cuando la paternidad es consciente y amorosa, los jóvenes muy probablemente serán buenos padres, esposos, amigos, etc., además de que tendrán éxito en su vida profesional. Sin embargo, si los progenitores no permiten que sus hijos crezcan bajo su cobijo, la reacción de éstos será más animalesca: confrontarán, huirán o de plano se quedarán pasmados. Uno encuentra en todos lados hijos de padres muy exitosos que a lo único que se dedican es a gastar el dinero de sus progenitores, a caer en vicios y malas compañías como un castigo recíproco e inconsciente a su alejamiento, a volverse rebeldes con el afán de ahuyentar la tranquilidad de la familia, o bien se alejan emocionalmente cayendo en algunos desórdenes mentales o alienados a drogas que nos les permiten estar conscientes de la realidad.

playful kid and father shaving together at home bathroom

También todos hemos escuchado la frase que empieza: “detrás de…”, pues bien, detrás de un gran ser humano siempre habrá un padre generoso, comprensivo, amoroso y atento a las vivencias de sus hijos. En ocasiones los hombres utilizan expresiones como: “compórtate como un macho”, “no seas niño”, “¡piensa!”, “¡haz!”, ¡deja de hacer eso!”… sin que exista una explicación congruente para que el niño pueda entender lo que se espera de él. Y, cuando llega a la adolescencia, hace lo que puede para cumplir con los cometidos indirectos que el papá está generando desde su propia expectativa y experiencia de vida.

La vida emocional entre un padre y sus hijos sí puede existir, pero para los papás tienen que cumplir con la responsabilidad de no ser sólo proveedores, sino soportes sutiles de los errores, aprendizajes y problemas de la propia niñez y adolescencia en el difícil proceso de crecer, no solamente en tamaño físico, sino en lo que respecta al desarrollo mental y emocional. Y, en el caso de que los progenitores no logren demostrar abiertamente sus sentimientos debido a sus propias carencias, aún así sus hijos siempre serán la extensión de sus sueños y de su propia realización.

Ser un buen papá, en suma, es todo un arte. A veces parece difícil, otras casi imposible, pero con amor puede lograrse. •••

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