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El mayor placer del mundo

El mayor placer del mundo

Las pretensiones del mundo actual para poder sentirnos hermosos, deseables y saludables son demasiado exigentes y nos hacen olvidar que el mayor placer de la vida es disfrutar de quien soy, tal como soy.

LAURA GABRIELA FABRE / Psicoterapeuta y consteladora familiar

 

¡Ah!… ¡Los placeres de la vida! Eso que llamamos placer está asociado con todo aquello que satisface una necesidad y nos hace sentir bien (¡a veces extraordinario!). ¿Quién podría negarse al placer de comer, de dormir a pierna suelta, de viajar o de estar con la persona amada? Todo eso es muy placentero porque existe el gozo, el agrado y el disfrute…

Pero… ¿Qué nos sucede cuando no podemos disfrutar de ser la persona que somos?

Vivir una vida con nosotros mismos, sin aceptarnos, sin caernos bien o sin poder amarnos, lógicamente nos lleva a una existencia carente de disfrute. Y aunque esta afirmación pueda parecer exagerada, desafortunadamente es toda una realidad, que puede verse en dos reacciones disímbolas: desde quien busca un mayor hedonismo en su vida para llenar el hueco de no amarse, hasta los que hacen lo contrario, es decir, pasársela mal y de malas la mayor parte del tiempo.

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Y es que los seres humanos tenemos una extraordinaria capacidad para encontrarnos todos los defectos posibles para hacernos la vida de cuadritos a nosotros mismos y para rechazar toda la imperfección, y más aún, todo lo que no encaja con los cánones de belleza o de salud tan deseados y buscados en la actualidad.

La moda dicta, las pasarelas excluyen, los maquillajes exigen, las tendencias de salud condenan… es decir, las pretensiones del mundo actual para poder sentirnos hermosos, deseables y saludables son demasiado exigentes. Pero no sólo eso, también nos enfrentamos a los estilos de vivir del momento: los sueldos, los puestos, los títulos y los modelos de casa y auto que nos llevan a alcanzar cierto estatus… y cuando no podemos alcanzar todo esto, la sensación de vacío existencial se hace cada vez mayor. El resultado es que terminamos odiándonos y olvidándonos del mayor placer de la vida: disfrutar de quien soy, tal como soy.

CADA DÍA MÁS HUMANO, MENOS PERFECTO Y MÁS FELIZ

Me ha llamado poderosamente la atención un texto compartido en las redes que se titula: Cada día más humano, menos perfecto y más feliz. A mi parecer esta frase encierra una gran verdad… y también un gran reto.

La vida siempre surge del encuentro de los contrarios: lo bueno y lo malo, la luz y la

Desire for Freedom

 sombra, lo hermoso y lo feo…  Si nos encajonamos en prototipos inalcanzables estaremos perdiendo nuestra esencia y la poderosa capacidad de enriquecer al mundo con nuestra creatividad. No todos podemos ser altos, ricos, guapos e inteligentes. ¡Nuestra manera de ser, así como es, resulta absolutamente necesaria para el orden del universo!

Tenemos un cuerpo que responde de maneras biológicas perfectas, y una manera de ser a todas luces perfectible, pero ése es justamente el reto de la vida: entre más nos despreciamos evitamos amarnos, disfrutarnos, sentir placer por quienes somos, y eso nos impide alcanzar nuestra mejor versión.

Piénsalo: el milagro de la vida está en ti, tal como eres, así como estás. Algo más grande te pensó de esa manera, y así sirves para que el impresionante y maravilloso mundo realice cada día el viaje que se llama vivir. ¡Deja de hacerte menos y disfruta lo que te tocó vivir, haciendo lo posible para mejorar en la medida de tus posibilidades!

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