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La inolvidable India

Lorena Vázquez

Colaboradora en Yugadharma
Asociación de Disciplinas Holísticas
contacto@yugadharma.com.mx

 

Hermosa y espiritual, y al mismo tiempo caótica y ruidosa, la India es un país que, a pesar de ser una potencia mundial en tecnología, al caminar por sus calles pareciera que el tiempo se detuvo. Amo a su gente, sus costumbres, sus ceremonias, su calma, su paciencia… ¡su comida! Me decían “no tendrás problema, eres mexicana y estás acostumbrada a lo picante”… pero lo picante allá es extremo, y todos los sabores son intensos y sin medida. Los platillos obligados son: el paneer paratha, los lassis (bebida de yogur de leche de búfala), los rotis, el paneer pakora, la soda con masala y los ladus.

Mi lugar favorito es Rishikesh, la cuna del yoga, justo en las faldas de los Himalayas, a 200 kilómetros del nacimiento del río Ganges, sagrado para los hinduistas. Es un pequeño pueblo donde se respira mucha tranquilidad y libertad, porque Nueva Delhi, la gran capital, es totalmente estresante. En Rishikesh puedes tomar clases de yoga y meditación, hacer rafting, caminar por el bosque y presenciar un sin fin de ceremonias. La gente es amable y veneran principalmente a Shiva, el dios yogi, cuyas grandes estatuas se ven por todos lados.

Otra ciudad inolvidable es Jaipur, la ciudad rosa, perfectamente trazada y con grandes palacios; es famosa por sus textiles y joyas, además del Jantar Mantar, uno de los observatorios más antiguos, y el palacio del maharajá, propiedad de la nobleza.

Muy cerca de Jaipur está Amber, donde hay un fuerte ubicado en las montañas y paseas en elefante. Otra ciudad imperdible es Agra, donde está el famosísimo Taj Mahal… ¡Quién podría pensar que un amor eterno se desarrollaría en una tierra casi desértica, donde este legendario mausoleo se levantaría como un poema hecho en mármol a la orilla del río Yamuna!

El Taj Mahal fue construido en 1631 por el quinto emperador mogol, Shah Jahan, en memoria de su tercera esposa, la favorita y alma gemela, Mumtaz Mahal, una princesa persa musulmana. Ella murió después de dar a luz a su décimo tercera hija, y la desgracia fue tan abrumadora para Shah Jahan que se cuenta que encaneció totalmente en pocos meses.

Sin embargo, visitar el mausoleo no es tan lindo como pareciera, pues la multitud que te rodea, los guardias de seguridad que se la pasan gritando todo el tiempo, el calor y los vendedores ponen realmente a prueba tu tolerancia y paciencia.

Ir a la India una y otra vez es la mejor experiencia de vida que el universo me ha regalado. Si tienes la oportunidad de ir, no lo pienses mucho… ¡tu alma te lo agradecerá!

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