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Comida chatarra: una amenaza para tu salud… ¡y para tus finanzas!

Hand refusing junk food

Lulú Farrera

Directora de Salud Integral Inteligente (SII)
y miembro activo de la Sociedad Mexicana de Nutrición, Obesidad y Bariatría.
Cel. 22.21.25.86.27 / Tel. 2.94.26.76
lulufarrera16@yahoo.com.mx

Todos los días gastamos en pequeñas cosas a las cuales no les damos importancia, pero suelen implicar pagos que se pueden evitar o bien no se deberían realizar con demasiada frecuencia, porque pueden llegar a condicionar nuestra economía y a sacarnos de nuestros planes y presupuesto.

Estos gastos hormiga nos salen en todas partes y suelen ser imperceptibles y traicioneros. La mala alimentación es uno de ellos, sobre todo en nuestro país, que a pesar de tener una identidad alimenticia nutritiva y saludable basada en el maíz, el frijol y el chile, también encabeza las estadísticas mundiales de casos de obesidad y diabetes.

La comida chatarra, esos “alimentos” procesados con altos contenidos de grasas, azúcar, sal y componentes químicos, ha ido desplazando a los cereales, las legumbres, las verduras y las frutas fresca, y México es uno de los diez productores y consumidores más grandes a nivel mundial y el primero en Latinoamérica, según los reportes del centro de estudios Global Research. Desde la firma del Tratado de Libre Comercio en 1994, dos terceras partes del capital de inversión estadounidense en México fueron destinadas a la industria de comida prefabricada (Pepsi, Nestlé, Unilever, Danone, Coca Cola, etc.)

A pesar de la implementación de impuestos especiales para gravar alimentos y refrescos hipercalóricos, su consumo no ha disminuido. De hecho, en escenarios de crisis económica los mexicanos preferimos dejar de gastar en productos para la higiene y el cuidado personal, con tal de no dejar de comer chatarra a todas horas… ¡una familia típica gasta el 30% de su presupuesto alimenticio en este tipo de productos, según la encuestadora Canter World Panel! La mayor parte de estas compras se llevan a cabo en tiendas de conveniencia, y afectan sobre todo a los consumidores de niveles económicos medio y bajo.

Es tiempo de inculcar, fomentar, concientizar y reforzar, en cada uno de nosotros y dentro de nuestras familias, hábitos de alimentación más saludables. No se trata de dejar de comer golosinas, sino de evitar que se vuelva una costumbre del día a día con consecuencias negativas para la salud y en una fuga de dinero que afecte nuestras finanzas. Te recomiendo seguir los siguientes consejos para lograrlo:

  • Trata de llevar un diario de la comida que consumes.
  • Recuerda que no nacemos con el gusto por la sal, el azúcar o las grasas. Y así como lo aprendiste, puedes desaprenderlo.
  • Intenta comer por al menos seis semanas alimentos naturales (verduras, frutas, granos, pescado, etc.), y cómpralos en el mercado… ¡te sorprenderá la variedad, calidad y precio!
  • Elabora recetas sencillas y prácticas. Entre más saludable es una comida, contiene menos ingredientes e invertirás menos tiempo en su elaboración.
  • Saca papel y lápiz y haz cuentas… ¡verás que tu dinero te rinde más y tu salud también se verá beneficiada!

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