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¡Vive la gratitud sin límites!

Soulmates Sharing Energy

Sagrario Grande

Licenciada en Desarrollo Humano y Master Yoga
contacto@yugadharma.com.mx
Cel. 22.23.83.52.86

La gratitud es una fuerza poderosa en nuestras vidas, pero no la usamos tan a menudo como debiéramos. Nos enfrascamos en la cotidianidad y se nos olvida que cada momento que vivimos está acompañado de un aprendizaje que debiéramos agradecer cada día. La gratitud es más que un acto de cortesía: es una práctica que nos va enriqueciendo en lo más profundo de nuestro ser, que es nuestra espiritualidad, y es una manera de mostrar nuestra fe de manera palpable.

Tú eres un punto fundamental en este mundo que te da la oportunidad de ayudar en pro de su mejoramiento, y a la vez también vives esa experiencia de que alguien colabore en tu crecimiento. Somos seres interdependientes, nos necesitamos unos a otros y de una manera u otra interactuamos y nos ayudamos, consciente o inconscientemente.

Ahora bien, ¿qué mejor manera que hacerlo conscientemente, estar atento a ser agradecido, hacerlo un hábito que repercuta en ti y en lo que te rodea? Te voy a compartir un cuento y al finalizarlo piensa cuántas cosas pequeñas te ha dado la vida para estar agradecido… y si no has tenido la oportunidad de demostrar tu gratitud, exprésala… ¡nunca es tarde!

Un vaso de leche

Howard Kelly, un muchacho pobre, vendía mercancías casa por casa para pagar sus estudios universitarios. Un día tuvo hambre y vio que sólo le quedaba una moneda. Decidió que pediría alimento en la próxima casa que visitara, pero sus nervios lo traicionaron cuando una encantadora mujer le abrió la puerta, y en lugar de comida pidió un vaso de agua.

Ella percibió el hambre del joven y le trajo un gran vaso de leche. Él lo bebió y luego le preguntó: “¿Cuánto le debo?”. “Nada”, le contestó ella, “mi madre siempre nos enseñó que nunca debemos aceptar dinero por amar y ayudar al prójimo”. “Entonces, le agradezco de todo corazón”.

Cuando Howard se fue no sólo se sintió más fuerte, sino que también que su fe en Dios y en los hombres era más sólida. A punto de rendirse y dejarlo todo, la actitud de esa mujer lo impulsó a seguir adelante.

Años después esa mujer enfermó gravemente. Los médicos locales no pudieron darle una solución y finalmente le enviaron a la gran ciudad, con el doctor Howard Kelly para consultarle.

Cuando este oyó el nombre del pueblo de donde venía la paciente, se le iluminaron los ojos. Subió de inmediato a verla, la reconoció enseguida y empezó a ver los estudios y análisis, para determinar cuál era la mejor forma de salvarle la vida. Desde ese día el prestó la máxima dedicación a este caso, y después de una larga lucha, la mujer estaba totalmente recuperada.

Con preocupación y timidez, la mujer pidió que le trajeran la cuenta, pensando que como el hospital era de categoría tal vez tendría que trabajar toda su vida para pagar su tratamiento.

Al cabo de unos minutos recibió un sobre de la administración del hospital. Lo abrió con nerviosismo y con sorpresa leyó lo siguiente: “Esta factura fue pagada hace muchos años con un vaso de leche. Atentamente, Dr. Howard Kelly”.

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