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¿Cómo ser más asertivo?

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Coca Sevilla
Asesora de Imagen y Directora de Alter Ego
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Twitter: @coca_sevilla

“Asertividad” deriva del latín “asserere”, que significa “afirmar”. Por lo tanto, implica afirmar nuestra personalidad, autoconfianza, autoestima, aplomo y comunicación segura y eficiente.

La imagen de la asertividad nos muestra a una persona que expresa su opinión, cualquiera que sea, mostrando, ante todo, respeto hacia los demás y hacia sí misma. Plantea con seguridad y confianza lo que quiere, acepta que los demás no necesariamente coinciden con su propia postura y evita conflictos de manera directa, abierta y honesta.

Si trabajamos en una imagen asertiva tendremos grandes beneficios en todo lo que emprendamos. ¡Las personas con esta cualidad son bienvenidas en todos lados! La asertividad es una actitud intermedia si partimos de que existen actitudes agresivas y pasivas frente a otros. Esto no sólo se manifiesta con las palabras, sino también con el lenguaje no verbal. Por ejemplo, una ceja levantada, un rostro tenso, una postura corporal intimidante o un tono de voz iracundo.

Si has detectado que necesitas desarrollar una actitud más asertiva, comienza por entender que todos tenemos derecho a: ser tratados con respeto y dignidad, equivocarnos y a hacernos responsables de los errores cometidos, tener nuestros propios valores, opiniones y creencias, cambiar de opinión, pedir lo que deseamos, decidir qué hacer con nuestro cuerpo, tiempo y prioridades; rechazar peticiones sin sentirnos culpables, decidir si cargamos con los problemas de otros, sentir y manifestar el dolor, protestar cuando nos tratan de manera injusta, y expresar nuestros sentimientos y emociones con la responsabilidad que esto implica.

A continuación te presento algunas técnicas para ser mucho más asertivos. ¡A diario se presentan diversas situaciones en las que alguna de ellas te será de utilidad!

Acuerdo asertivo. Cuando alguien haga una crítica sobre tu persona o comportamiento, te sugiero que respondas a ésta sin alterarte, admitiendo que has cometido una falta si ese es el caso. Por ejemplo, si llegas tarde a una cita y te lo reclaman, en lugar de agredir o sentirte atacado, reconoce tu error: “Tienes razón, llegué más tarde de lo acordado. Normalmente no me pasa esto, y no volverá a suceder”. La frase mágica “tienes razón” hará que la otra persona se sienta entendida y tratada con respeto, y su actitud cambiará positivamente hacia ti.

Pregunta asertiva. Cuando algo nos molesta muchas veces nos quedamos callados, suponemos las causas y no lo expresamos. Esta técnica trata, precisamente, de establecer preguntas. Por ejemplo, si en alguna reunión otra persona se molestó contigo, en lugar de suponer o de asumir qué fue lo que sucedió, pregunta. La finalidad es obtener información sobre el suceso, para argumentar más tarde. Tan sencillo como plantear lo siguiente: “¿Qué te molestó durante la reunión? ¿Qué mencioné que no te agradó? ¿Cómo podría hacerte sentir mejor?”.

Este tipo de preguntas mostrarán un interés sincero y real por el otro. Hacer suposiciones o quedarnos callados no nos lleva más que a tener problemas. Si además tu comunicación no verbal es tranquila y cordial, tendrás más resultados.

Aplazar la discusión. Existen momentos en los que algunas personas sabemos que es mejor que al otro “se le pase” la ira o el enojo, y no necesariamente tenemos que conocerlo a detalle para detectar estas emociones. En algunos casos, el lenguaje corporal y facial nos lo dice todo. Si notas que no es el momento para discutir o solucionar algún problema con alguien que está sumamente molesto, dile: “Noto que estás muy enojado y ofuscado… ¿te parece si comentamos esto más tarde?”. Habrá quienes quieran desquitar su enojo contigo; sin embargo, también tenemos derecho de marcar límites. Si sabemos que esto llevará a una discusión mayor y sin control, más vale aplazarlo. Cuando los ánimos se enfrían, las cosas se ven de otra forma.

Aplazamiento asertivo. Si por el contrario, eres tú quien está terriblemente molesto, decepcionado, confundido y ofuscado, tanto que no puede salir nada coherente de tus labios, más vale que seas tú quien aplace la discusión. Por ejemplo, si notas que no es el momento de comentar o discutir algo, tu respuesta (acompañada de un lenguaje corporal y facial amable) puede ser: “En este momento prefiero reservarme mi opinión. ¿Qué te parece si comentamos esto en otro momento más adecuado?”.

¡Aplica estas técnicas y notarás la diferencia!

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