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La importancia de darse un capricho

En ocasiones, las dietas pueden volverse monótonas y repetitivas, ocasionando que el cuerpo se acostumbre a este tipo de alimentación y por lo tanto disminuya el grado de efectividad del régimen.

Lulú Farrera / DIRECTORA DE SALUD INTEGRAL INTELIGENTE (SII)

Llegan las fiestas decembrinas y con ellas un cúmulo de tentaciones gastronómicas. Las personas que han pasado todo el año a luchando por conservar su peso ideal esperan esta época con una mezcla de miedo y deseo: por un lado, saben que será difícil resistirse las temidas tentaciones… pero por el otro, anhelan olvidarse por un rato de tanta privación y hambre. “Total, en esta época TODOS comen lo que quieren, ¿no?”, piensan antes de dar el primero de muchos bocados prohibidos.

Pero luego vendrán enero y la báscula, los remordimientos, el volver a empezar el camino mil veces andado de la dieta y las bajadas de peso lentas y desesperantes. Así que… ¿por qué no adoptar una estrategia intermedia? Es decir, no ceder al atracón constante durante todo el mes, pero tampoco pasársela comiendo lechuga mientras los demás disfrutan un sabroso pavo.

El día de descanso

Consiste en establecer un día de la semana en el que la persona pueda comer lo que quiera. Es una forma de premiar a quien ha estado esforzándose por cumplir las pautas nutricionales de su dieta.

Romper con la rutina

En ocasiones, las dietas pueden volverse monótonas y repetitivas, ocasionando que el cuerpo se acostumbre a este tipo de alimentación y por lo tanto disminuya el grado de efectividad del régimen. Un día libre en la dieta ayuda a que el organismo no se habitúe a una alimentación hipocalórica y restrictiva y no limite el gasto calórico para ahorrar sus reservas de energía.

Un descanso psicológico

Mantener un régimen y una atención continua sobre los alimentos que se ingieren puede resultar una dura tarea a nivel psicológico.

Contar con un día libre de la dieta permite a tu mente descansar y disminuir la ansiedad generada por aquellos alimentos “prohibidos” y las ganas de consumirlos. Una dieta muy restrictiva puede derivar en una sensación constante de privación, uno de los principales motivos por los que se suelen dar los famosos atracones y la ingesta de grandes cantidades de alimentos hipercalóricos.

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