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La violencia contra la mujer

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Si tienes a una mujer, tienes a todas. Si tienes a todas las mujeres, no tienes ninguna.

Alejandro Jodorowsky / PSICOMAGO

El principal problema que tiene el mundo actual es que está exclusivamente en manos de los hombres. Pero el Tarot es complementario: Luna–Sol, Emperatriz–Emperador… y en nuestra educación también hay una doble influencia: la maternal y la paternal, aunque los porcentajes no suelen estar equilibrados. Esto nos lleva a tener un carácter femenino o masculino. La polaridad femenina (receptiva) y la polaridad masculina (activa).

Pero son los hombres los que gobiernan, los que manejan la economía, los que controlan la ciencia, los que imponen los valores culturales, los dueños de la religión. El 90% de los padres, cuando la mujer está encinta, desea que el primogénito sea un hombre, y aún nos comportamos como trogloditas cuando pensamos que la mujer debe estar a nuestro servicio.

En el machismo, tan extendido todavía entre nosotros, muy generalmente el hombre rechaza su parte de feminidad dentro de él mismo, porque las mujeres han sido abusadas y sometidas… y despertar esa dimensión podría significar, entre tantas otras cosas, quedar expuestos a eso.

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Además, durante siglos, la mujer fue símbolo de pecado, la que causó la caída del hombre, la culpable. Así, la mujer tiene problemas con su feminidad, pues se angustia por todo lo que significa ser mujer; además, no siempre acepta su parte masculina, pues ésta puede simbolizar al opresor que ella en el pasado odió. Por lo tanto, la mujer debe aceptar también su dimensión activa o masculina, y el hombre la dimensión femenina y receptiva que hay en él; es la integración de los dos aspectos lo que ambos deben realizar.

Se logra la paz cuando la pareja se integra individualmente como dualidad danzante. Tenemos un árbol genealógico, y las mujeres del presente le tiran los tomates a los hombres porque en ellas claman las mujeres del pasado. Es muy dual, pues por otro lado también buscan el reflejo de lo que les disgusta, pero les angustia el sentirse sometidas.

Acá está la crisis interna: miles de años de someterse, y este reflejo ya nace en lo genético. Hay que transformarlo y establecer nuevas relaciones, nuevos hábitos, para que ese ADN psicológico vaya modificándose. Hay un trabajo que hacer para no ir buscando sólo lo que uno conoce. Estamos en una época en que hay que reorientar el metal; es una mezcla de inercia y conflicto interno que tenemos que trabajar. Sé que lo lograremos, si trabajamos para eso.

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