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Conocer nuestras raíces

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Conociendo nuestras raíces significa que, así como éstas son fundamentales para el desarrollo de las plantas, también lo son para mantenernos de pie y no caernos.

Maricela Rodríguez Acosta / DIRECTORA DEL HERBARIO Y JARDÍN BOTÁNICO BUAP

Un prestigiado diario de Inglaterra menciona que muchas personas centenarias de Okinawa (Japón), Nikoya (Costa Rica), Icaria (Grecia), Loma Linda (California) y Sardinia (Italia) tienen en común —además de estructuras sociales que los apoyan– el hábito del ejercicio diario, una dieta basada en plantas y la jardinería como pasatiempo. La gente que vive en estas zonas —llamadas azules– ha podido alargar su vida en condiciones satisfactorias de salud física y mental. Ante estos ejemplos podemos afirmar que, si iniciamos una vida verde paseando por el bosque, cultivando las plantas que nos gustan y disfrutando de ello, podríamos aspirar a mejorar nuestra salud y llegar al siglo de vida. Aunado a esto, se ha comprobado que los granjeros son las personas que menos padecen enfermedades del corazón, diabetes y estrés, al contrario que muchos profesionistas asolados por estos padecimientos.

Conocer nuestras raíces tiene dos significados. El primero se refiere al conocimiento de las partes de una planta para su correcto cultivo, y aquí las raíces juegan un papel fundamental, ya que son su sostén físico y fisiológico. Las personas de la tercera edad de las regiones arriba mencionadas tienen en su dieta un gran componente de vegetales fáciles de cultivar. Recientemente tuve oportunidad de consumir un brócoli recién cosechado, cuyo exquisito sabor hubiera sorprendido a los comensales más demandantes con tendencias gourmet. No necesitaba condimento alguno para saborearlo, y lo mismo sucedió con las espinacas, acelgas y achicorias que cosechamos.

El segundo significado se refiere a que demos una mirada a nuestros orígenes, a que nunca olvidemos que el cultivo de alimentos está fuertemente relacionado con el ser humano y su bienestar. La dieta de los nómadas se basaba en plantas y frutos recolectados, enriquecida con carne ocasional producto de la caza. Poco a poco se fue desarrollando la agricultura, lo que dio paso a la civilización, y si bien es cierto es que disfrutamos de muchas comodidades en las ciudades, también lo es el hecho de que cada día abandonamos el campo, ese campo al que algún día tendremos que regresar.

Conociendo nuestras raíces significa que, así como éstas son fundamentales para el desarrollo de las plantas, también lo son para mantenernos de pie y no caernos. ¡Camina por el bosque, recorre los campos, conviértete en un inspector, observa, encuentra tu raíz y así te entenderás mejor!

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