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Los motivos de la enfermedad

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Toda enfermedad es un aprendizaje que te rinde y te hace más humilde. ¡Vela como una aliada y la sanación será más sencilla!

Irma Azomoza / PhD EN PSICOLOGÍATRANSPERSONAL

Muchas veces nos sentimos víctimas cuando una enfermedad aflora en nuestras vidas, cuando en realidad somos nuestros propios verdugos. ¡Es cierto, esto suena fuerte, pero es la realidad! Nuestro primer cuestionamiento es “¿Por qué a mí?”, o bien asumimos una creencia falsa como “Dios me la mandó”. Incluso podemos tomarla como un castigo, o un signo de debilidad, o una condición genética latente que a nosotros nos tocó desarrollar…

De la misma manera creemos que el insomnio, el dolor de cabeza, la diarrea constante, el dolor de espalda, el reflujo y hasta la celulitis son estados naturales en el ser humano, pero todas estas creencias son falsas. “¡Claro! —dirás– es fácil decirlo, pero… ¿cómo me enfrento a ello?”. Y tienes razón, lo peor de estar en un hospital es ver a la gente llegar a acompañarte y lo primero que te dicen es “¡Échale ganas!”…Seguramente tu respuesta, silenciosa o abiertamente expresada, es: “¡Y cómo diablos quieres que lo haga, si me siento absolutamente mal y con ganas de nada!”.

Ante esta problemática, los organizadores Congreso Internacional Consciencia hemos determinado que este año los temas del evento —que ya va en su sexta edición– giren en torno al tema de la salud. ¡No podemos seguir ignorando el hecho de que todos estamos enfermos de algo, en menor o mayor grado!

Enfermarnos no es nuestra culpa, pero sí nuestra responsabilidad, como afirma mi maestra Morrnah Simeonadel Ho’oponopono, y podemos comenzar a evitarla desde lo más básico, la alimentación. Cuando me dijeron “estás pudriendo tus intestinos”, lo primero que hice fue enfurecerme, pero cuando comprendí de qué manera me estaba intoxicando, recapacité y me dije: “es cierto, estoy comiendo muy mal”.

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El siguiente paso es abordar la parte psicológica y las creencias, la más fuerte de las cuales es que las enfermedades son de origen genético. Sin embargo, gracias a las investigaciones del Dr. Bruce Lipton, ya sabemos que los genes se pueden modificar, así que debemos dejar de echarles la culpa. Por otro lado, están las alianzas que hacemos con nuestra familia y seres queridos. Por ejemplo, asumimos que si alguno de nuestros padres, tíos o hermanos han padecido tal o cual enfermedad, nosotros también debemos sufrirla por solidaridad y ¡zas! Terminas igual, casi sin darte cuenta.

En la falta de amor a uno mismo tenemos otra causa importante de la enfermedad. Cuando alguien “te hace el feo”, esa actitud no te gusta y te molestas… ¡entonces imagina a tu cuerpo después de que estás todo el día quejándote por cualquier cosa! ¡No puede estar saludable si lo agredes constantemente con esa falta de amor y de respeto! Cuando el alma sufre, el cuerpo también.

Por último, no podemos dejar de mencionar la misión que tiene la enfermedad… ¡siempre nos sirve para algo, aunque nunca nos preguntemos para qué! Ya que por lo general la provocamos nosotros mismo, siempre resulta un aprendizaje que te rinde y te hace más humilde, así que vela como una aliada y la sanación será más sencilla. Si, por el contrario, la ves como una enemiga, el tratamiento será doloroso, costoso, largo y muchas veces incluso inútil… ¡Tú decides!

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