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El verdadero problema de la infidelidad

Érika Rivero Almazán / DIRECTORA DE MÁS SANA

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La infidelidad trastoca lo más vulnerable de nuestro interior, ahí donde habitan la seguridad, integridad, lealtad, esperanza y los valores y creencias establecidos en la crianza. Por eso duele tanto y nos cuesta tanto reponernos. El dolor puede ser tan ensordecedor que la mayoría de las veces nos impide escuchar el mensaje oculto de una infidelidad, y resulta más cómodo culpar al otro por sus fallas y su traición que atrevernos a acepar la realidad: uno también falla. Tanto o más que el infiel.

Algunas constantes para que se dé el caldo de cultivo de una infidelidad:

  1. Minimizar el problema y el distanciamiento. El conflicto existe y persiste desde hace tiempo. El hartazgo y la indiferencia han entrado por la puerta principal, y la infidelidad es sólo una consecuencia de la falta de atención y acción de la pareja para reparar el daño.
  2. Dejar pasar el tiempo. Las parejas piensan que después tendrán tiempo para disfrutar, atenderse, arreglar las diferencias y desaparecer las distancias. Así se pospone la reconciliación, eclipsada por el exceso de trabajo, las obligaciones o cosas “más importantes”.
  3. Concepto equivocado del amor. Algunos compran la idea de que el amor emerge porque sí, pero en la realidad implica tiempo, esfuerzo, atención y observación constante del ser amado. Es la necesidad de conocer los anhelos y temores del otro, de descubrir cómo hacerlo reír y sentir bien, de contribuir a su felicidad.
  4. Dar por hecho que la pareja debe hacer las cosas porque son su responsabilidad, es un error que va lastimando la relación. La exigencia y la obligación ahoga hasta al mejor intencionado.
  5. No saber expresar lo que queremos y sentimos. Lastimamos y nos lastiman por ignorancia y falta de comunicación. Pedir lo que necesitamos con amor y a tiempo es la solución. El orgullo sólo estorba y agranda el conflicto.
  6. Los lugares vacíos se llenan. La tercera persona llega porque el lugar de la pareja está desocupado. Así de fácil. Cuando una pareja está comprometida, es fuerte y conserva el rigor de mantener la cercanía emocional, la infidelidad no sucede.
  7. Reconocer las propias fallas. Pueden ser muchas las causas, pero una infidelidad ocurre porque la pareja falló. Ambos. No importa quién cargó con más culpas. El resultado es el mismo.
  8. Lección dolorosa de aprendizaje. Tras la experiencia de una infidelidad es muy probable que la pareja desee seguir junta, sanar las heridas y enmendar los errores. Si supera el desafío del borrón y cuenta nueva, se volverá más fuerte. Este escenario es viable cuando el infiel se arrepiente y se compromete a no caer en la misma falta, mientras que la otra persona supera la infidelidad y corrige la conducta que llevó al otro a alejarse.

 

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