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La alimentación, esencia de nuestra identidad

Las familias “de antes” solían cuidar lo que comían, pero el ritmo de vida actual nos ha hecho descuidar nuestra alimentación. ¡Retomemos nuestras tradiciones alimenticias para conservar la salud!

Yamilé Murad / ASESORA NUTRICIONAL

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Si existe algo que a los mexicanos nos evoca tanto tradición como cultura, eso es la comida, porque lo que comemos, el lugar donde lo hacemos y lo que nos significa cada bocado son sin duda elementos de una identidad que forjamos a lo largo del tiempo.

Aunado a lo anterior, cada región cuenta con sus propias delicias y por ende con sus propios hábitos, e incluso en algunos lugares la religión es un factor determinante que influye en la dieta y costumbres alimenticias, creando todo ello una diversidad que incluso a veces se vuelve atractivo turístico.

Pero, así como existen aspectos positivos en cuanto a la alimentación y sus formas, también los hay negativos y eso es algo que hoy tiene contra las cuerdas a mucha gente. De acuerdo a diversos estudios, desde hace aproximadamente una década la ingesta de comida chatarra y comida rápida ha crecido considerablemente en nuestro país, y de hecho para muchas personas este tipo de “alimentos” ya se han vuelto su menú de todos los días, lo que ha traído repercusiones considerables en su salud. Sobre este punto, aquí ya hemos hablado con anterioridad de la expansión de estas perjudiciales costumbres, aunadas a un sedentarismo igualmente peligroso.

En otras palabras, la sociedad moderna y globalizada estimula estilos de vida y de alimentación que en general tienen riesgos para la salud, pues producen padecimientos como la obesidad, la hipertensión arterial y la diabetes. Sin embargo, no todo el panorama es desolador, ya que cada vez son más las personas que toman conciencia de la situación y mejoran su forma de alimentarse, involucrando más frutas, verduras y productos orgánicos a su dieta, además de que procuran ejercitarse con regularidad para mantener su estado físico en óptimas condiciones.

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Cuando asesoro a alguien siempre le pregunto qué come cuándo lo hace, para tener un panorama más amplio del porqué se tiene con problemas de peso. Y en esa plática me doy cuenta de cuánto nos hemos alejado de los alimentos que tradicionalmente nos preparaban en casa. Les cuento la siguiente anécdota: mi abuela solía ir al mercado todos los días, y lo hacía caminando. Seleccionaba cuidadosamente frutas, verduras y carnes, y regresando a casa los lavaba, sazonaba y preparaba, y después de esta rutina nos llamaba a la mesa. Es decir, cuidaba lo que comíamos. Y ahora te pregunto, estimado lector: ¿tú cuidas lo que comes?

Entiendo que el ritual que realizaba mi abuela es difícil de llevar a cabo en muchos hogares, pero cuidar lo que comemos no. Eso sí se puede hacer, ya sea de manera individual o familiar. Y lo que nos debe impulsar para hacerlo debe ser el sentido común y nuestras ganas de mantenernos sanos. Por ello —en la medida de tus posibilidades– analiza lo que comes todos los días y pregúntate si es sano. También procura por lo menos un poco de actividad física durante la semana. Te aseguro que hacer cambios significativos te ayudará positivamente a nivel personal y familiar. Y si eres adulto, intenta regresar a la tradición alimenticia que existía en tu familia.

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