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Nueva York, símbolo de poder

La ciudad que nunca duerme es el más acabado paradigma de la competitividad y el poder.

ENRIQUE DELFÍN / VIAJERO INCANSABLE

Lower Manhattan panorama

No voy a hablar en este espacio de Nueva York como un destino turístico, porque… ¿quién a estas alturas desconoce los maravillosos atractivos que La Gran Manzana guarda para sus visitantes? Sus imponentes rascacielos con miradores que ofrecen increíbles vistas, su enorme Central Park, el delirio high-tech de Times Square, su colección de museos y galerías de arte de primer orden, sus numerosos barrios —cada uno dotado de una personalidad irrepetible– y una inagotable oferta de espectáculos, restaurantes y tiendas capaces de satisfacer hasta el capricho más exótico.

Al estar la presente edición de Más Sana enfocada en el tema de la masculinidad, resulta inevitable hablar de la ciudad que nunca duerme como el más acabado paradigma de la competitividad y el poder, dos características no necesariamente positivas que usualmente se relacionan con el mundo de los hombres. Desde la primera de las civilizaciones patriarcales una de las expresiones más notables de la conquista del entorno ha sido la construcción de ciudades que reflejan el poderío económico y político de los vencedores: Babilonia, Tebas, Alejandría, Roma, Constantinopla, Pekín y Londres son sólo algunos ejemplos históricos de estas urbes concebidas como el argumento irrebatible del total dominio sobre el otro. Y hoy en día Nueva York es, sin duda, la muestra más reciente de ello.

People on the street on Madison Avenue in Manhattan downtown bef

La capital del mundo

En 1626 los colonos holandeses les compraron a los indígenas locales la isla de Manhattan por un puñado de dólares, y parece que desde entonces el destino de la ciudad quedó sellado por la ambición. Creció sin cesar hasta convertirse en la décima aglomeración urbana más poblada del mundo y en el centro financiero no sólo de Estados Unidos, sino de todo el mundo capitalista. El amenazante toro de bronce situado en una de las calles del Distrito Financiero es toda una declaración de principios: allí todo se trata de una demostración de fuerza y poder.

Statue of Liberty

Cuando llegué a Nueva York me invadió una sensación abrumadora que me persiguió durante toda mi estancia, porque la gente va y viene en un frenético e incesante vaivén, y a todos parece moverlos el deseo de permanecer ahí. Pero vivir en Manhattan no es nada fácil ni barato: las más de las veces hay que conformarse con una modesta vivienda en los distritos periféricos (Brooklyn, Queens, Bronx y Staten Island) o hasta la vecina Nueva Jersey, e invertir mucho tiempo y dinero para ir a trabajar al soñado paraíso con la esperanza de conquistarlo algún día. Y ya de noche, agotados, emprenden el regreso mirando en la lejanía el apretado alfiletero de rascacielos, símbolos del poder de la Ciudad Imperial… •••

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