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¿Por qué discriminamos?

¿Por qué discriminamos?

Todos somos iguales ante la ley, pero me pregunto: ¿la humana o la divina?

IRMA ASOMOZA / PhD

Workspace: Team Of Diverse Workers Put Hands Together

Estudios realizados en universidades muy importantes del extranjero arrojan que las personas de piel clara, cabello rubio, facciones finas y ojos claros tienen más suerte que las personas de rasgos más rudos, de piel y ojos oscuros… Que las personas bonitas tienen más suerte que aquellas poco agraciadas, y que los hombres altos tienen más éxito que los bajitos…

¿Y esto por qué será? Pues porque factores culturales, sociales e incluso genéticos nos llevan a albergar creencias sobre lo que consideramos estético. En experimentos en cámaras Gesell se les preguntó a los observadores quiénes les parecían delincuentes, y un porcentaje alto apuntó a los más rudos o con rasgos menos estéticos. Si esto lo podemos ver en prácticas de investigación, ya podemos imaginar la distorsión en el juicio del grueso de la población.

En muchísimas ocasiones no nos gusta cómo funciona el mundo, pero la realidad es que la neuro-influencia es como una nota viral en las redes sociales. Podemos retomar las teorías sobre los campos mórficos, de Rupert Sheldrake; sobre las ondas cerebrales, de Jacobo Grinberg; sobre los campos electromagnéticos, de Michael Faraday, y sobre el campo cuántico de la nueva física, y aún así no sabemos nada de la interrelación cerebral y energética de las conexiones humanas.

Si por un momento nos pusiéramos a pensar, a observar y a digerir que todos estamos conectados a una gran matriz y que ella absorbe y reparte a todos los pensamientos, sentimientos, emociones y acciones que se generan en la humanidad, no seríamos tan selectivos para discriminar las diferencias de los que no son como nosotros.

Si profundizáramos en el pensamiento de Dios cada vez que cometemos actos adversos a la aceptación del otro, nos daríamos cuenta de que discriminar equivale a arrancarnos un brazo, una pierna o un órgano interno, ya que nuestros actos tienen una consecuencia inevitable que termina en el rechazo de nosotros mismos.

Pensemos que no somos especiales, pero que al mismo tiempo lo somos tanto que debemos cuidar nuestro pensar, sentir y actuar respecto a las personas que nos rodean. •••

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