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Fat shaming: la agresión por motivos de peso

Fat shaming: la agresión por motivos de peso

La discriminación hacia la gente con sobrepeso es un problema muy grave y cada día más presente en el ambiente social, laboral y educativo.

LULÚ FARRERA / DIRECTORA DE SALUD INTEGRAL INTELIGENTE

Silhouette thick man and crowd of people evicted sunset

Avergonzar a otros por su exceso de peso es una vieja práctica discriminatoria conocida como fat shaminq, que lamentablemente ahora también se ha vuelto tendencia en las redes sociales, sobre todo a través de “motivadores”, coaches y entrenadores físicos que “alientan” —según ellos– a sus clientes y seguidores a perder tallas. Sin embargo, si se analiza a fondo esta estrategia puede verse que no es más que una forma de violentar y agredir a otros.

Este fenómeno también se ha acrecentado, irónicamente, gracias a la lucha incansable de activistas de derechos humanos, blogueros y modelos de tallas grandes por normalizar el trato hacia las personas con sobrepeso. La reacción de los defensores de un cuerpo esbelto como estándar de belleza no se ha hecho esperar, y ahora apuntan sus dardos hacia esos “gordos” no tanto para reconvenirlos por poner en riesgo su salud, sino para burlarse de ellos por no cumplir con los cánones estéticos más ortodoxos.

La discriminación por peso es un problema muy grave que va mucho más allá de ser una simple burla, y como en la actualidad está cada vez más presente en los entornos sociales, laborales y educativos, es imperativo hacerle frente a través de una estrategia adecuada de comunicación que promueva la tolerancia.

No son pocas las investigaciones científicas que han revelado datos alarmantes: la burla y el acoso empujan a las personas con sobrepeso y obesidad a comer de más —y por lo tanto a seguir aumentando de peso–, pues la vergüenza producida por las mofas los hace recurrir a la comida como un consuelo fácil que siempre está a la mano. Lo anterior tiene su sustento en que el estrés causado por la discriminación aumenta el apetito y produce antojos de comida rica en energía para nada saludable. A la larga, esta violencia verbal —y a veces incluso física– acaba minando la autoestima de las víctimas, generándoles complejos relacionados con la imagen que proyecta su cuerpo e incluso haciéndolas menos aptas y seguras de sí mismas para realizar actividades físicas y recreativas.

Debemos de estar conscientes de que la burla nunca podrá ser una estrategia motivadora para que los obesos bajen de peso, y sólo comprendiendo esto podremos llegar a ser capaces de refrenar nuestros impulsos críticos para evitar referirnos de manera sarcástica y burlona a las personas que padecen este problema.

Si echamos un vistazo a las diversas problemáticas sociales que enfrenta el mundo contemporáneo, nos daremos cuenta de que muchas de ellas podrían tener solución si la gente adoptara una postura más comprensiva y tolerante hacia aquellos que se salen de la norma. Esto resulta particularmente difícil con el tema de la apariencia física, pues el consumismo imperante nos induce a adoptar patrones estéticos tan estrictos que la mayoría de las nosotros simple y sencillamente no los podemos cumplir. Así, los que hoy son verdugos en cualquier momento pueden convertirse en víctimas, así que lo mejor es no criticar. •••

Sad overweight woman sitting on a wooden bench next to a sports

No todos eligen sus problemas

Aunque la mayoría de los casos de sobrepeso y obesidad pueden prevenirse o revertirse mediante la enseñanza y aprendizaje de buenos hábitos alimenticios y mejores decisiones en la elección de los alimentos, así como en el abandono de la vida sedentaria, también existen otros motivos por los que las personas aquejadas por este problema simple y sencillamente no eligen tenerlo:

  1. Transtornos hormonales y enfermedades de la glándula tiroides.
  2. Reacciones a algunos medicamentos.
  3. Tensiones causadas por conflictos personales.
  4. Escaso presupuesto para comprar alimentos saludables y de calidad.
  5. Alimentación poco adecuada por un ritmo de vida acelerado.
  6. Ninguna o poca participación en las decisiones de lo que se come en casa, como ocurre con la mayoría de los niños obesos.
  7. Hábitos y tradiciones culturales.
  8. Ayunos prolongados, que provocan que el cuerpo almacene en forma de grasa lo que se consume después.

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