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EDITORIAL: ¡Las mamás que todo lo pueden!

Si utilizamos la comida como analgésico, premio o para paliativo para todas las inquietudes de la vida, dependeremos excesivamente de la alimentación.

ÉRIKA RIVERO ALMAZÁN / Editora de Más Sana

El cliché “yo nunca voy a ser como mi mamá” hoy se ha convertido en una sentencia cumplida, pero a la inversa: ¡Claro que te pareces a ella y vas a ser una madre parecidísima a la que tuviste! ¿Los motivos?: la carga biológica y genética, los esquemas sociales aprendidos, la influencia conductual y hasta energética.

Así que en vez de lamentarte, mejor observa cuáles fueron las fortalezas y las debilidades de tu progenitora, y una vez detectado el cuadro, con plena conciencia y sin culpas, traza tu propia estrategia para ser madre. Pero no cualquier madre: la que tú siempre quisiste ser. Se vale. Se puede. Se acepta copiar modelos externos y adaptarlos a tus modos.

Las ventajas de este tiempo son muchas: la información que podemos obtener en segundos, nuevas terapias, talleres y círculos de autoayuda para padres, teorías innovadoras como la disciplina positiva para educar a los niños con valores. ¡Por libros, investigaciones y descubrimientos no paramos!Girl and mom in Superhero costumes

Así que esta generación no tiene el pretexto de la ignorancia. La apatía y la conformidad son el peor veneno. Si no tienes paciencia, hay métodos muy efectivos para desarrollarla. Si estás llena de inseguridad y miedos, hay información que te puede ayudar. Si eres despilfarradora, hay cursos para mejorar las finanzas.

Si eres una mamá empresaria, hay mil tipos de guarderías con cámaras integradas que puedes observar desde tu smarthphone para vigilar a tu cachorro a distancia. Por fortuna ya sabemos que el tiempo de calidad con tus hijos supera por mucho la antigua tendencia de vivir pegada a los hijos, misma que demostró su futilidad con resultados nefastos en estas generaciones.

No te voy a regatear el tiempo y el cansancio: es la factura que se paga. ¡Ah, pero el gusto de liquidarla no te la quita nadie! Además, ya habrá tiempo para descansar cuando tengas 80 años y te vayan a visitar tus nietos, si es que te ganaste su respeto y cariño y no te conviertes en la cascarrabias de la familia… ¡bajo advertencia no hay engaño!

Tu poder de decisión te dará la libertad que necesitas para organizar tu plan de navegación en el mundo de las madres. Empoderarte en ese lugar te lo permitirá. Pero para obtener esos privilegios, necesitas ganártelos: la libertad financiera, económica, emocional, social y profesional es la base para partir. Si no tienes todas las herramientas, no te abatas: lucha por adquirirlas. Nadie las tiene todas. Un buen inicio es el deseo genuino de obtenerlas y estar dispuesta a pagar el precio. Tú sabes que lo vale. Y no te des por vencida. Nunca.

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