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EDITORIAL – El Regalo del Dolor

EDITORIAL

El regalo del dolor

“Cada uno de nosotros es cien por ciento responsable de todas nuestras experiencias”,  pues “cada idea que pensamos está creando nuestro futuro”. Louise L. Hay

Érika Rivero Almazán / Editora de Más Sana

Podrán gustarte o no estás dos máximas de Louise L. Hay, pero nos llevan a una verdad irrefutable: somos el capitán del barco y nuestras decisiones, intenciones, acciones y pensamiento definirán en qué aguas navegará. Y este principio también aplica cuando
hablamos del dolor.

Su sola mención nos estremece: no lo queremos en nuestra vida, rehuimos de él, lo ignoramos o -peor aún- creemos que su llegada es un castigo inmerecido y nos encarcelamos en el papel de víctimas.

Pero por increíble que parezca, el dolor es una creación de nosotros, responde a una especial situación de vida y nos trae el regalo de un mensaje que nos negábamos a reconocer.

sadnessEs la respuesta a nuestra pregunta. Es la medicina a la enfermedad. Es la sanación, si estamos dispuestos a aceptarla incondicionalmente. Porque el dolor es parte de la vida. Sin dolor no te haces feliz, dice la canción. Y es cierto.

El dolor, ya sea físico, mental o espiritual, se presenta:

  1. Como aviso de que algo ya no funciona. Hay un problema que urge nuestra atención.
  2. Un proceso que requerimos transitar a manera de depuración. Es la única manera de sanar.
  3. Por lo tanto, no debemos ignorarlo, fingir que no está o mucho menos apresurarlo. Llevará su tiempo y debemos ser pacientes.
  4. Recapacitar para qué llegó. Qué lección necesitamos aprender. Es un error común culpar a terceros (a la pareja, a la familia, a la economía, al jefe, a la edad, a la salud…) por nuestro dolor. Recordemos que somos cien por ciento responsables de nuestras experiencias de vida.
  5. Imposible evitarlo. El dolor forma parte de la vida misma. Depen­de de tu actitud cómo lo enfrentes: con humildad, disposición y aceptación, o con rechazo, ignorándolo o victimizándote. ¡Cuidado! Si no aprendemos del dolor, se instala en su lugar el sufrimiento.

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