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¡Busca la riqueza en tu interior!

Holiday retro woman with magic stars in her hands. Christmas

Alejandro Jodorowsky

Psicomago y Tarotista

Una noche una persona está escarbando al pie de un farol, a unos cien metros de su casa. Al preguntarle alguien qué hace, contesta: “¡Busco mi llave, se me cayó de las manos al abrir la puerta!”. “Pero… ¿por qué la buscas tan lejos?” “¡Es que aquí hay más luz!”… Los maestros sufís emplean esta anécdota para hacer conscientes a sus discípulos de que no deben fascinarse por personas con egos seductores y buscar, en cambio, su Ser Esencial (o su Dios Interior) dentro de ellos mismos.

Ahora bien, no hay que engañarse con la idea de buscar algo que no somos nosotros mismos. El Ser Esencial es lo que en verdad somos, pero también el buscador, el ego individual, es lo que somos. De ninguna manera debemos aceptar las prédicas de gurús improvisados que nos ordenan destruir a nuestro ego. El ego, sin el Ser Esencial, se convierte a la larga en un monstruo egoísta, mientras que éste, sin ego individual, cae en el delirio paranoico de creerse Dios.

El ego individual y el Ser Esencial forman una unidad amorosa y necesaria. Esto lo comprendió muy bien el poeta Rumi; al leer su poema les pido interpretar el “yo” como el ego individual, y el “tú” como el Ser Esencial:

En verdad, somos una sola alma, yo y tú. Aparecemos y nos ocultamos tú en mí, yo en ti. Este es el profundo sentido de mi relación contigo, porque no existe, entre yo y tú, ni yo ni tú. Somos a la vez el rostro y el espejo. Estamos ebrios de la copa eterna, somos el bálsamo y la curación, somos el agua de la fuente de la juventud y el que la escancia.

Al empatar el ego individual con el Ser Esencial, se alcanza la felicidad, que no implica más que “estar cada día menos angustiado”. Te daré algunos consejos para lograrlo:

  1. Cuando dudes de actuar, siempre entre “hacer” y “no hacer” escoge lo primero. Si te equivocas, al menos obtendrás la experiencia.
  2. Escucha más a tu intuición que a tu razón. Las palabras forjan la realidad, pero no son la realidad.
  3. Realiza algún sueño infantil. Por ejemplo, si querías jugar y te hicieron adulto antes de tiempo, ahorra algo de dinero y ve a jugarlo a un casino hasta que lo pierdas. Si ganas, sigue jugando. Si sigues ganando, aunque sean millones, sigue hasta que los pierdas. No se trata de ganar, sino de jugar sin finalidad.
  4. No hay alivio más grande que comenzar a ser lo que se es. Desde la infancia nos endilgan destinos ajenos, pero no estamos en el mundo para realizar los sueños de nuestros padres, sino los propios.
  5. Deja de criticar tu cuerpo. Acéptalo tal y como es, sin preocuparte de la mirada ajena. No te aman porque eres bello; eres bello porque te aman.
  6. Una vez por semana, enseña gratis a los otros lo poco o mucho que sabes. Lo que les das, te lo das. Lo que no les das, te lo quitas.
  7. Busca todos los días en el diario una noticia positiva. Es difícil encontrarla pero, en medio de los acontecimientos nefastos, siempre hay una casi imperceptible.
  8. Enfrenta el pasado. Si tus padres abusaron de ti cuando pequeño, confróntalos calmadamente, en un lugar neutro, desarrollando cuatro aspectos: “Esto es lo que me hicieron. Esto es lo que yo sentí. Esto es lo que por causa de aquello ahora sufro. Y esta es la reparación que pido”. El perdón sin reparación no sirve.

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