
Escuchar tus canciones favoritas no solo puede mejorar tu ánimo: también activa distintas áreas del cerebro y puede influir en la atención, la memoria, el movimiento y la respuesta del organismo al estrés.
Redacción Más Sana
La música forma parte de la vida cotidiana de millones de personas. Está presente mientras trabajamos, hacemos ejercicio, viajamos o simplemente buscamos relajarnos. Pero además de acompañar nuestras actividades, diferentes investigaciones han encontrado que escuchar o interpretar música puede generar respuestas en el cerebro y el cuerpo relacionadas con el bienestar.
Uno de los efectos más conocidos está relacionado con el sistema de recompensa cerebral. La música que resulta agradable puede favorecer la liberación de neurotransmisores como la dopamina y las endorfinas, sustancias asociadas con el placer, la motivación y la relajación.
Por eso, poner una canción que nos gusta al comenzar el día o durante una actividad física puede generar una sensación de mayor motivación. No significa que la música produzca energía física de manera literal, sino que puede modificar el estado de ánimo y la percepción del esfuerzo, haciendo que determinadas actividades se sientan más llevaderas.
Música para activar cuerpo y mente
La relación entre música y cerebro es particularmente compleja. Al escuchar una melodía participan simultáneamente regiones vinculadas con la audición, el lenguaje, las emociones y el movimiento. Esta actividad coordinada puede favorecer procesos como la atención, la memoria y la coordinación motora.
En el caso de quienes practican algún instrumento, los efectos pueden ser todavía más amplios. La práctica musical requiere combinar percepción auditiva, movimiento, atención y memoria, capacidades que pueden contribuir al desarrollo de la plasticidad cerebral a lo largo de la vida.
Así, la música puede convertirse en una herramienta sencilla para acompañar actividades que requieren concentración o movimiento.
También puede ayudar a reducir el estrés
Otro de sus posibles beneficios está relacionado con el manejo del estrés. Escuchar música puede generar sensaciones de bienestar y relajación, mientras que cantar, tocar un instrumento o participar en actividades musicales colectivas también puede fortalecer los vínculos sociales y disminuir la sensación de soledad.
Además, determinadas melodías pueden favorecer la relajación antes de dormir. Esto resulta especialmente relevante porque un descanso adecuado es fundamental para mantener el rendimiento físico y mental durante el día.
La música también ha comenzado a incorporarse en distintos contextos terapéuticos. La musicoterapia se utiliza como complemento en intervenciones dirigidas a necesidades físicas, emocionales, cognitivas y sociales, incluyendo casos relacionados con ansiedad, depresión, dolor crónico y algunas enfermedades neurodegenerativas.
¿Hay un género musical que dé más energía?
No necesariamente. El efecto de la música depende en buena medida de la persona, sus preferencias y el contexto.
Una canción con un ritmo rápido puede resultar motivadora para alguien durante una sesión de ejercicio, mientras que otra persona puede encontrar mayor concentración o energía en una melodía tranquila. De hecho, investigaciones sobre los beneficios de la música han encontrado que sus efectos positivos no dependen necesariamente de un estilo musical específico, sino también de las preferencias individuales.
Por ello, más que buscar una canción “perfecta”, conviene identificar qué música ayuda a cada persona a sentirse motivada, concentrada o relajada.
Música y ejercicio: una combinación que puede ayudar
Durante la actividad física, escuchar música puede convertirse en un estímulo adicional. Una canción con ritmo marcado puede favorecer la sincronización de los movimientos y hacer que el ejercicio resulte más entretenido.
El beneficio puede ser especialmente útil cuando la música ayuda a cambiar la percepción del esfuerzo. En lugar de concentrarse exclusivamente en el cansancio, la atención puede dirigirse hacia el ritmo, la melodía o la experiencia de escuchar la canción.
Eso sí, la música no reemplaza los elementos fundamentales para mantener una buena condición física: descanso adecuado, alimentación equilibrada, hidratación y ejercicio adaptado a las condiciones de cada persona.
Incluso un concierto puede producir una respuesta diferente
La experiencia musical tampoco es exactamente igual cuando se escucha una grabación que cuando se presencia una interpretación en vivo.
Una investigación de la Universidad de Zúrich encontró que la música interpretada en directo generaba respuestas cerebrales más intensas y prolongadas que las grabaciones, particularmente en áreas relacionadas con las emociones.
Esto podría explicar por qué un concierto puede provocar una sensación de entusiasmo, conexión y bienestar particularmente intensa.
Escuchar música también requiere hacerlo con moderación
Que la música tenga beneficios no significa que cualquier forma de escucharla sea saludable. Uno de los principales aspectos que debe cuidarse es el volumen.
La exposición prolongada a sonidos demasiado intensos puede afectar la audición. Por ello, es recomendable mantener un volumen moderado, especialmente cuando se utilizan audífonos durante periodos prolongados.
También es importante recordar que la música puede acompañar el bienestar, pero no sustituye un tratamiento médico o psicológico cuando existe un problema de salud.
Una herramienta sencilla para sentirse mejor
La próxima vez que necesites un pequeño impulso para comenzar una actividad, una canción que disfrutas puede ser una buena aliada. La evidencia disponible muestra que la música tiene la capacidad de involucrar múltiples sistemas del cerebro, influir en el estado de ánimo y favorecer determinados procesos físicos, cognitivos y sociales. (infobae)
Así que sí: la música puede darte ese “plus” de energía, especialmente cuando la utilizas de manera consciente y eliges aquello que realmente te hace sentir bien.
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