En cuestión de semanas, un término casi desconocido fuera de foros especializados pasó a dominar conversaciones en redes sociales, programas de televisión y debates familiares: los therians. Entre enero y febrero de 2026, videos de adolescentes caminando en cuatro patas en plazas públicas, usando máscaras de animales, colas o realizando los llamados quadrobics, se viralizaron en plataformas como TikTok, Instagram y YouTube, generando una mezcla de curiosidad, burlas, preocupación y discusión pública.
¿Qué es un therian?
Los therians son personas que se identifican, en un plano profundo y no literal, como animales no humanos —o parcialmente como tales—. Esta vivencia, aseguran, no implica creer que biológicamente lo sean ni se trata de un disfraz o juego. Es una conexión psicológica, espiritual o identitaria con una especie específica, a la que denominan su “theriotipo”: puede ser un lobo, zorro, gato, perro u otros animales menos comunes.
Algunos describen experimentar “shifts”, es decir, cambios sensoriales o mentales en los que sienten más intensamente rasgos asociados a su animal identificado. Otros incorporan conductas físicas como correr en cuatro patas, usar accesorios (gear) o emitir sonidos. Para ellos, se trata de una expresión interna de identidad, no de una performance.
El término proviene de comunidades en línea de los años noventa vinculadas al concepto de therianthropy (teriantropía), y suele diferenciarse de los furries, subcultura centrada en el gusto por animales antropomórficos desde el arte, el cosplay y el rol social.
De nicho digital a fenómeno viral
Aunque la comunidad therian existe desde hace décadas en espacios digitales, el fenómeno explotó recientemente en América Latina, especialmente en Argentina, Uruguay, Colombia y México. Videos de grupos de jóvenes realizando quadrobics en plazas argentinas o clips etiquetados como “niños therian” comenzaron a circular masivamente, trascendiendo el nicho online.
La viralización fue impulsada por algoritmos que premian contenidos llamativos o disruptivos. En pocos días, el tema pasó de foros especializados a noticieros, paneles de televisión y debates en horario estelar. Figuras mediáticas como Moria Casán abordaron el fenómeno en programas de entretenimiento, amplificando aún más la conversación.
El salto al debate público reavivó discusiones sobre los límites de la expresión personal, la influencia de las redes sociales en adolescentes y la delgada línea entre identidad, moda y performance digital.

Identidad, generación y polémica
Especialistas en psicología y psiquiatría han ofrecido distintas lecturas. Algunos lo interpretan como parte de procesos generacionales de exploración identitaria y búsqueda de diferenciación en entornos digitales hiperconectados. Otros advierten que, en ciertos casos, podría estar vinculado a necesidades emocionales no resueltas o a contextos de vulnerabilidad.
Críticos, en cambio, califican el fenómeno como una moda peligrosa o incluso como una manifestación preocupante que debería analizarse desde la salud mental. En redes sociales, las reacciones oscilan entre el apoyo —en nombre del respeto a la diversidad— y la burla o el rechazo frontal.
También surgieron comparaciones y confusiones con otras comunidades identitarias, lo que generó tensiones y aclaraciones dentro de distintos colectivos. La propia comunidad therian insiste en que no se trata de una orientación sexual ni de una identidad de género, sino de una vivencia subjetiva relacionada con la autopercepción.
Un espejo de la era digital
Más allá de posturas a favor o en contra, el fenómeno therian revela el poder de las redes para transformar subculturas marginales en debates masivos en cuestión de días. Lo que durante años fue un intercambio discreto en foros ahora ocupa titulares y mesas de discusión.
En un entorno donde la identidad se construye y se exhibe públicamente, los therians se han convertido en símbolo de una época marcada por la hiperexposición digital, la experimentación y la confrontación generacional.
Si será una moda pasajera o el inicio de una conversación más amplia sobre identidad en la era de los algoritmos, es algo que aún está por verse.
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