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Soledad impuesta o elegida: el reto de aprender a estar con uno mismo

Más Sana Live aborda el estigma social de la soledad y las relaciones que lastiman

Redacción Más Sana

En una conversación íntima y reflexiva en Más Sana Live, programa conducido por la periodista Érika Rivero Almazán, se puso sobre la mesa un tema que incomoda pero atraviesa a millones de personas: la soledad y el miedo a enfrentarla.

A partir de una transcripción generada por audio —que podría contener imprecisiones propias del formato—, la entrevista dejó una idea central: la sociedad sigue viendo la soledad como un fracaso personal, cuando en realidad puede ser una oportunidad de autoconocimiento.

“La sociedad nos obliga a estar en pareja”, se señaló durante el programa. Un ejemplo cotidiano lo ilustra: la invitación a una boda con “dos boletos”, bajo la suposición de que nadie debería —o podría— asistir solo. Ese gesto, aparentemente inofensivo, refleja una narrativa cultural en la que estar sin compañía se asocia con carencia.

Sin embargo, en el espacio se distinguieron dos tipos de soledad: la impuesta —derivada de pérdidas, rupturas o abandono— y la elegida, aquella que permite el encuentro con uno mismo.

Desde la experiencia clínica, se explicó que el consultorio suele ser “un lugar de dolor”: llegan personas atravesando duelos, separaciones o angustias profundas. “Me siento solo, mi esposo acaba de fallecer”, es una frase recurrente. La soledad, en estos casos, se vive como vacío y miedo.

Pero el punto crucial es otro: ¿qué ocurre cuando, en ese silencio, la persona se encuentra consigo misma y no le gusta lo que ve? “Me encuentro conmigo… y no me caigo bien”, se mencionó. Ahí aparece un vacío más profundo: la dificultad de tolerar la propia compañía.

¿Por qué preferimos que nos maltraten antes que estar solos?

La conversación avanzó hacia otro fenómeno frecuente: personas que permanecen en relaciones afectivas donde son maltratadas —por parejas, amistades o incluso familiares— por temor a quedarse solas.

“Preferimos una caricia maltratadora a una caricia sana”, se dijo al aludir al concepto de La economía de las caricias, libro que aborda cómo muchas personas aceptan afecto distorsionado antes que enfrentar la ausencia de afecto.

La raíz, se apuntó, puede estar en la falta de autoestima o en un miedo profundo a la soledad. Permanecer en vínculos dañinos no solo implica que otros maltraten, sino que la persona se maltrate a sí misma al tolerarlo.

“No estar relacionándonos con personas que nos maltratan” fue una de las recomendaciones claras del programa. El primer acto de cuidado, se insistió, es reconocer que aceptar violencia emocional también es una forma de autoabandono.

La soledad como espacio de construcción

Lejos de romantizar el aislamiento, la charla propuso resignificar la soledad como un terreno fértil para el crecimiento personal. Entre las recomendaciones prácticas surgió una aparentemente sencilla: leer.

“Un libro es un gran compañero”, se expresó. La lectura permite un diálogo íntimo, silencioso, que acompaña sin invadir. Puede ser un libro nuevo, uno olvidado en casa o incluso de segunda mano. Lo importante es recuperar el hábito de estar con uno mismo sin sentirse incompleto.

La reflexión final del programa apunta a un cambio cultural necesario: dejar de ver la soltería o la vida en solitario como una anomalía y comenzar a entenderla como una etapa —o elección— válida.

En una sociedad que empuja a llenar todos los vacíos con ruido o compañía, aprender a estar solo podría ser, paradójicamente, uno de los mayores actos de salud emocional.

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