
En Más Sana Live, la tanatóloga Yolanda Godínez explica por qué la mayoría de los propósitos fracasan y cómo replantearlos para que sí se cumplan.
Por Redacción
¿Por qué cada enero nos prometemos cambiar y para febrero ya nos sentimos frustrados? La respuesta no está en la falta de disciplina ni en la ausencia de ganas, sino en la forma en la que planteamos nuestros objetivos y, sobre todo, en la identidad desde la que intentamos cumplirlos. Así lo explicó la tanatóloga Yolanda Godínez Vélez durante su participación en Más Sana Live, programa conducido por Érika Rivero.
Durante la entrevista titulada Cómo cumplir tus propósitos de Año Nuevo, Godínez abordó la raíz psicológica del fracaso recurrente de las metas personales y ofreció claves prácticas para sostener cambios reales a lo largo del tiempo.
Objetivos mal planteados, conductas viejas muy fuertes
De acuerdo con la especialista, uno de los errores más comunes es creer que fallamos por incapacidad personal, cuando en realidad el problema está en la estructura del objetivo. Desde la Programación Neurolingüística (PNL), explicó, una conducta nueva siempre compite con una conducta antigua que tiene años de ventaja.
“Ese hábito viejo ya tiene conexiones neuronales, emociones y creencias asociadas. Aunque no te guste, tu cerebro lo repite porque es lo que sabe hacer”, señaló. En contraste, la conducta nueva carece de esas asociaciones, por lo que requiere tiempo, repetición y paciencia para consolidarse.
El “atascón” de enero: querer cambiarlo todo de golpe
Godínez advirtió que el error más grave ocurre al inicio del año: intentar modificar demasiados hábitos al mismo tiempo. Dieta, ejercicio, ahorro, lectura, dormir mejor… todo en enero.
“La solución es la gradualidad”, explicó. En lugar de plantear 15 cambios radicales, recomendó distribuirlos a lo largo del año, comenzar con dos metas y sumar otras conforme avanza el tiempo. Este enfoque permite organizar la rutina, preparar el entorno y crear el espacio mental necesario para el cambio.
La trampa de la inmediatez y el autojuicio
Otro factor que sabotea los propósitos es la expectativa de resultados inmediatos. Queremos pasar de cero a cien en un solo día y, si no vemos avances rápidos, aparece la frustración.
“Si no tomas agua, no intentes beber dos litros de golpe”, ejemplificó. El cuerpo y el cerebro ofrecen resistencia natural al cambio, y cuando no entendemos este proceso biológico, lo interpretamos como un fracaso personal.
El enfoque correcto, dijo, es dejar de descalificarse y entender que la resistencia no es incapacidad, sino parte del proceso. Mantener la mirada en el propósito final —salud, bienestar, constancia— y ser generosos con nosotros mismos es clave para no abandonar en febrero o marzo.
El obstáculo más profundo: la identidad
Para la tanatóloga, el error más complejo ocurre a nivel mental: intentar sostener nuevas conductas desde una identidad vieja. Cuando hay un choque entre lo que haces y lo que crees que eres, la identidad siempre gana.
“Si te defines como desorganizada o como alguien que siempre llega tarde, tu mente va a sabotear cualquier intento de cambio, porque ‘tú no eres así’”, explicó. Por ello, cumplir propósitos de salud, disciplina o bienestar requiere replantear primero quién eres.
Pensar y decir “soy una persona que se cuida” o “soy alguien atlético” ayuda a que las nuevas conductas tengan un soporte interno y no se vivan como un esfuerzo forzado.
El lenguaje como herramienta de transformación
Finalmente, Godínez subrayó el poder del lenguaje y las afirmaciones. Aunque al principio suenen falsas o incómodas, dejar de reforzar la versión pasada de uno mismo es indispensable para avanzar.
“Evita frases como ‘yo soy súper desorganizada’ y empieza a decir: ‘eso era antes, ahora soy alguien que toma agua’”, recomendó. Repetir estas afirmaciones, incluso frente al escepticismo de otros, rompe el vínculo con la conducta antigua y le da permiso al cerebro de construir una nueva identidad.
El mensaje central de la entrevista fue claro: cumplir los propósitos de año nuevo no depende de exigirnos más, sino de entendernos mejor, avanzar paso a paso y atrevernos a dejar atrás la identidad que ya no queremos sostener.
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