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Violencia, vulnerabilidad y nuevas masculinidades: cuando los hombres también son víctimas

Durante décadas, la violencia ha sido narrada desde una lógica casi exclusiva: hombres agresores, mujeres víctimas. Esta lectura, necesaria para visibilizar desigualdades históricas, también dejó zonas de silencio. Una de ellas es la violencia que viven los hombres y que rara vez se nombra, se reconoce o se atiende. No porque no exista, sino porque el mandato masculino ha enseñado a callarla.

Hablar de hombres como víctimas incomoda. Rompe estereotipos, cuestiona privilegios y obliga a replantear qué entendemos por fuerza, poder y masculinidad.

La violencia que no se denuncia
En México, los hombres también son víctimas de violencia física, psicológica, sexual y económica, tanto en el ámbito público como en el privado. Sin embargo, los registros oficiales y las denuncias formales son notablemente menores. No es casualidad. A muchos hombres se les enseñó que denunciar es sinónimo de debilidad, que “aguantarse” es parte de ser hombre y que pedir ayuda equivale a perder estatus.

La violencia intrafamiliar contra hombres, el acoso sexual, las agresiones entre pares y la violencia institucional suelen quedar ocultas bajo el peso del estigma.

Masculinidad tradicional: el origen del silencio
El modelo tradicional de masculinidad se construyó sobre ideas de control, dureza emocional y autosuficiencia. En ese esquema, el hombre no sufre: resiste. No teme: enfrenta. No llora: se recompone. Este mandato no solo legitima la violencia ejercida, también invisibiliza la violencia recibida.

Cuando un hombre es víctima, suele cuestionarse su hombría antes que la agresión sufrida. El resultado es un círculo de silencio, culpa y aislamiento.

Nuevas masculinidades: nombrar para sanar
Las llamadas nuevas masculinidades no buscan negar las violencias que históricamente han afectado a las mujeres, sino ampliar la conversación. Reconocer que los hombres también pueden ser vulnerables es un paso clave para desmontar la cultura de la violencia en su conjunto.

Aceptar la vulnerabilidad no debilita: humaniza. Permite que los hombres pidan ayuda, accedan a atención psicológica, denuncien abusos y construyan relaciones menos violentas consigo mismos y con los demás.

Violencia entre hombres: la normalización del daño
Una de las formas más invisibles de violencia es la que ocurre entre hombres. Golpes “de broma”, humillaciones, presiones para demostrar fuerza, consumo de riesgo o conductas autodestructivas son prácticas normalizadas desde la adolescencia. Muchas agresiones se justifican como rituales de pertenencia o pruebas de carácter.

Las estadísticas de homicidio, suicidio y accidentes fatales muestran que los hombres son también las principales víctimas de una masculinidad que exige riesgo constante.

Hacia una agenda incluyente de prevención
Reconocer a los hombres como posibles víctimas no resta importancia a la violencia de género contra las mujeres; la complementa. La prevención efectiva exige entender que la violencia es un problema estructural que atraviesa identidades, contextos y relaciones de poder.

Políticas públicas, sistemas de salud y espacios educativos necesitan incorporar esta mirada para ofrecer atención sin estigmas y generar modelos de masculinidad más sanos.

Nombrar es el primer paso
Hablar de violencia masculina desde la vulnerabilidad no busca victimizar al hombre, sino responsabilizarlo de romper el silencio. Reconocer el daño es el primer acto de transformación.

Las nuevas masculinidades no se construyen desde la negación del dolor, sino desde la capacidad de mirarlo de frente y decir, sin vergüenza: esto también nos pasa.

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