
Cuidarse ya no es solo una decisión personal: es una industria. En los últimos años, el autocuidado pasó de ser un hábito asociado a la salud a convertirse en un modelo de consumo constante que impacta directamente en el bolsillo. Gimnasio, suplementos, skincare y tratamientos estéticos forman parte de una rutina que promete bienestar, pero que también implica un gasto mensual cada vez más normalizado.
Hoy, “sentirse bien” tiene precio.
El gimnasio: el punto de partida
Para muchas personas, el autocuidado empieza con el ejercicio. En México, una membresía mensual de gimnasio oscila entre los 600 y los 1,200 pesos en opciones comerciales, aunque en estudios boutique o entrenamientos personalizados puede superar los 2,000 pesos. A esto se suman inscripciones, clases especiales o entrenamientos funcionales que elevan el costo sin que siempre se note.
El ejercicio dejó de ser solo salud: ahora es experiencia, estética y estatus.
Suplementos: la promesa de rendimiento
Proteína en polvo, colágeno, multivitamínicos, creatina, omega 3. El consumo de suplementos se ha disparado impulsado por redes sociales y recomendaciones de influencers. Un gasto promedio mensual va de 500 a 1,500 pesos, dependiendo de la marca y la constancia. Aunque no siempre son necesarios, muchos los consideran parte obligatoria del “estilo de vida saludable”.
El mensaje es claro: no basta con entrenar, hay que optimizar el cuerpo.
Skincare: la piel como inversión
El cuidado de la piel dejó de ser exclusivo del sector femenino y se posicionó como un mercado transversal. Una rutina básica (limpiador, hidratante, protector solar y algún tratamiento) implica entre 700 y 1,800 pesos mensuales. Si se suman productos dermatológicos, sueros especializados o marcas premium, la cifra puede duplicarse.
Aquí el autocuidado se mezcla con la presión estética: verse bien también cuenta como estar bien.
Tratamientos estéticos: el nuevo “lujo accesible”
Faciales, limpiezas profundas, depilación láser, retoques estéticos no invasivos. Aunque no son mensuales para todos, cada vez más personas los incorporan de forma regular. Un promedio mensualizado puede ir de 1,000 a más de 3,000 pesos, dependiendo de la frecuencia y el tipo de tratamiento.
Ya no se trata de corregir, sino de mantener.
El total: bienestar con factura
Sumando estos rubros, el gasto mensual promedio en autocuidado puede ubicarse entre 2,800 y 6,500 pesos, y escalar fácilmente en perfiles urbanos de clase media y media alta. Es un monto significativo que compite con renta, transporte o alimentación.
El problema no es cuidarse, sino cuando el autocuidado se convierte en obligación, comparación o culpa financiera.
¿Autocuidado o autoconsumo?
La conversación empieza a cambiar. Especialistas advierten que el bienestar no debería medirse por lo que se compra, sino por lo que se sostiene: descanso, límites, movimiento cotidiano, salud mental. Sin embargo, el mercado sigue empujando la idea de que estar bien requiere inversión constante.
En una economía donde todo se monetiza, incluso el bienestar se vuelve un producto más. La pregunta ya no es cuánto cuesta cuidarse, sino quién puede pagar el autocuidado que hoy se vende como estándar.
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