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Cine comunitario y saber biocultural: jóvenes de la Generación Z que transforman comunidades desde Puebla

En un contexto donde la Generación Z suele ser asociada al consumo rápido de contenidos y a la hiperconectividad, las historias de Luis Muñoz Meneses y Víctor Manuel Martínez García demuestran que las juventudes también están redefiniendo el uso de la tecnología, el cine y la educación como herramientas de transformación social. Egresados de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y ganadores del Premio Juventudes Resilientes 2025 en Alemania, ambos jóvenes compartieron en entrevista con Revista Más Sana su visión sobre el cine comunitario, la educación ambiental y los retos que enfrenta su generación.

Lejos de los grandes reflectores de Hollywood, el cine comunitario —explican— es ante todo un espacio de encuentro. Una estrategia donde profesionales del audiovisual acompañan a niñas, niños, jóvenes y personas adultas de distintas comunidades para que sean ellas mismas quienes cuenten sus historias: cómo se corta la caña, cuál es el origen del nombre de su pueblo, las memorias de la Independencia o los cambios que ha vivido su territorio a lo largo del tiempo.

“Es un cine más horizontal, más cercano, más de amigos”, señalan. No se trata de imponer narrativas externas, sino de dar herramientas para que las comunidades narren su propia realidad desde su experiencia cotidiana. Este enfoque ha cobrado fuerza en América Latina, donde el cine comunitario vive un auge al poner el foco en historias que rara vez llegan a las salas comerciales: la vida de un maestro rural, el trabajo de un albañil, la relación con el campo o la defensa del territorio.

La inspiración de este movimiento, cuentan, también nace de referentes locales como el cineasta poblano Giovanni Mota Ruiz, quien ha llevado temas como el agua, la minería y la lucha contra el despojo a espacios internacionales como el Festival de Cine de Morelia, demostrando que las problemáticas comunitarias pueden dialogar con el mundo.

Pero el trabajo de Luis y Víctor no se limita al cine. Su proyecto “Nalhuamej de tohueitathua: Guardianes Bioculturales del Saber”, con el que obtuvieron el primer lugar en la categoría de Educación del Premio Juventudes Resilientes 2025, apuesta por la preservación del saber biocultural: conocimientos indígenas vinculados a la naturaleza, la biodiversidad y la educación sostenible. El reconocimiento fue otorgado por la Embajada de Alemania en México, en colaboración con Impact HUB y la agencia de cooperación internacional GIZ, dentro de la iniciativa “Juventudes en México redefiniendo un futuro verde para México”.

Desde su formación en la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP, ambos coinciden en que la educación crítica y comunitaria fue clave para impulsar un proyecto con impacto social, ambiental y cultural. Para ellos, hablar de salud no solo implica bienestar físico o mental, sino también salud comunitaria, ambiental y cultural.

Uno de los puntos que más llama la atención de su propuesta es el uso consciente de la tecnología. “El uso correcto de los celulares en los niños puede convertirlos en líderes de sus comunidades o en influencers verdes”, afirman. En lugar de demonizar los dispositivos móviles, plantean aprovecharlos como herramientas de comunicación, registro audiovisual y defensa del territorio, especialmente entre las nuevas generaciones.

La experiencia de Luis Muñoz y Víctor Martínez refleja algunos de los grandes retos de la Generación Z: resignificar la tecnología, recuperar la memoria colectiva, enfrentar la crisis ambiental y construir futuros más justos desde lo local. Su historia confirma que, cuando se combinan educación, comunidad y creatividad, las juventudes no solo resisten, sino que transforman.

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