
Cuando el duelo, el burnout y el cansancio acumulado marcan el punto de partida
Redacción Más Sana
No todas las personas llegan a un nuevo año con energía, claridad o ganas de “mejorar”. Para muchas nacidas entre 1990 y 2000, el año que terminó dejó desgaste emocional, pérdidas, cambios forzados o un cansancio que no se fue ni con vacaciones. Y aun así, enero insiste en pedir entusiasmo, metas y planes a largo plazo.
Replantear los propósitos cuando vienes agotado no es rendirte: es cuidarte con honestidad.
No todos los años se construyen hacia arriba
Hay años para crecer y otros para sostenerse. Pretender grandes metas cuando estás emocionalmente cansado suele generar más frustración que avance. El primer paso es reconocer el punto de partida real, no el ideal que dictan las redes o las expectativas externas.
Si vienes de un duelo, de burnout o de una sobrecarga prolongada, tu energía es un recurso limitado. Y eso también cuenta.
Propósitos que acompañan, no que exigen
Cuando el cansancio es profundo, los propósitos tradicionales —más disciplina, más productividad, más cambios— pueden sentirse como una carga adicional. En este contexto, un buen propósito no empuja ni presiona: acompaña.
Tal vez este año no se trata de lograr más, sino de recuperarte mejor.
Cambiar el “tengo que” por el “me ayudaría”
El lenguaje con el que te hablas importa. “Tengo que” activa presión y culpa; “me ayudaría” abre espacio y posibilidad. Replantear los propósitos desde el cuidado implica preguntarte qué te sostendría en este momento, no qué te transformaría radicalmente.
Dormir mejor, reducir compromisos, pedir apoyo o ir más lento también son propósitos válidos.
Duelo y cansancio no se resuelven con metas
El duelo no se agenda ni se supera con listas. El burnout no se corrige solo con organización. Ambos requieren tiempo, descanso y, en muchos casos, acompañamiento emocional o profesional.
Forzarte a “estar bien” suele retrasar el proceso. Permitirte sentir y procesar, aunque sea incómodo, también es parte del cuidado.
Metas de baja exigencia, alto impacto
Cuando la energía es poca, los cambios pequeños importan más. Propósitos como comer con mayor regularidad, salir a caminar, hablar con alguien de confianza o reducir estímulos pueden tener un impacto real en tu bienestar cotidiano.
La constancia suave también es progreso.
Permitirte no tener claridad
No saber qué quieres no es un fracaso; suele ser una señal de que estás procesando mucho. Hay momentos para planear y otros para escuchar. Replantear los propósitos puede significar, incluso, no definirlos todavía.
Darte permiso para pausar también es una decisión consciente.
Empezar desde donde estás
Para una generación acostumbrada a exigirse incluso cuando está agotada, replantear los propósitos es un acto de madurez emocional. No todos los años se empiezan con fuerza; algunos se empiezan con cuidado.
Y eso también es avanzar. Si sobreviviste a un año difícil, quizá tu único propósito por ahora sea tratarte con más suavidad.
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