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Salud mental: empezar el año sin cargas invisibles

Porque descansar en diciembre no siempre es suficiente…

Revista Más Sana

Para muchas personas adultas jóvenes, el descanso de diciembre prometía ser un reinicio: vacaciones, menos correos, más pausa. Sin embargo, enero llegó y el cansancio sigue ahí. No es flojera ni falta de actitud: es burnout acumulado.

Esta sensación es cada vez más común en quienes viven entre exigencias laborales, responsabilidades familiares, cuidados y una presión constante por “funcionar bien” en todo.


El burnout no se borra con unos días libres

Dormir más o desconectarse ayuda, pero el burnout no es solo cansancio físico: es desgaste emocional prolongado.
Cuando el estrés se sostiene durante meses o años, el cuerpo entra en modo supervivencia, y unas semanas no bastan para salir de ahí.

Por eso, aun después de descansar, pueden aparecer irritabilidad, apatía o desmotivación.


Adultos jóvenes: la generación que no puede apagar

El burnout actual tiene un sello generacional. Trabajo sin horarios claros, ingresos que no alcanzan, estabilidad frágil y cargas invisibles como la crianza sin redes, el cuidado de familiares y la gestión emocional de otros.

No es falta de resiliencia: es exceso de exigencia constante.


Señales de burnout acumulado

El agotamiento no siempre explota; muchas veces se manifiesta en silencio:

  • Cansancio que no se quita con dormir
  • Falta de motivación incluso para lo que antes disfrutabas
  • Irritabilidad constante o sensación de estar “al límite”
  • Dificultad para concentrarte o decidir
  • Desconexión emocional o cinismo

Si estas señales persisten, no es una mala racha.


Descansar no basta si todo sigue igual

El problema no es haber descansado “mal”, sino volver a las mismas condiciones que te agotaron.
Sin cambios en ritmo, límites o expectativas, el cuerpo regresa rápido al estado de alerta.

El descanso real implica revisar cargas, pedir apoyo y, en muchos casos, acompañamiento terapéutico. No es un lujo, es una necesidad.


Empezar el año sin romantizar el aguante

Dejar de normalizar el agotamiento es clave. No todo se soluciona “echándole ganas”.
Reconocer el burnout acumulado no es rendirse, es detener el daño antes de que se vuelva crónico.


Cuidar la salud mental también es colectivo

El burnout no es solo individual: nace de sistemas laborales, dinámicas familiares y contextos económicos que exigen más de lo que permiten sostener.

Hablarlo, pedir ajustes y buscar apoyo también es parte del cambio cultural.

Si descansar no fue suficiente, quizá no necesitas más vacaciones, sino menos carga.

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